Según los psicólogos iraníes, un 65% de las jóvenes en el país no está satisfecha con su apariencia. Especialmente con su nariz, que es una de las principales cartas de presentación de las mujeres en un país donde quedan pocas partes al descubierto por la vestimenta tradicional. El sociólogo Afshar Naderi atribuye ese descontento a diferentes razones: a estándares de belleza femenina impuestos desde los medios, al deseo de encontrar un buen marido, a una infancia dura y la respectiva baja autoestima. Sin embargo, hay razones también más específicas.
Así Mohammad, quien trabaja en una tienda de cosméticos y accesorios en un barrio comercial de Teherán, asegura que la rinoplastia que le hicieron hace dos años le proporciona más clientes. "Tengo que atender a centenares de mujeres a diario que vienen aquí cuando quieren comprar algún cosmético y deben verme muy arreglado y elegante", dice.
Sin embargo, una demanda tan alta de rinoplastias también tiene otro aspecto. De acuerdo con la cifra del diario iraní Hamshahri, solo en Teherán hay más de 7.000 cirujanos plásticos que ofrecen esta operación a sus clientes.
Sin embargo, nada más que 157 de ellos tienen la licencia que les autoriza para hacerla. En consecuencia, un gran número de pacientes sufre complicaciones que varían entre perder la capacidad olfativa y poder respirar bien con la nariz, hasta un ataque cardiaco por una anestesia indebida o daños severos al cerebro. Como la cirugía plástica está fuera de los controles del Departamento de Salud de Irán, en la mayoría de los casos los médicos salen impunes. Tampoco existen estadísticas de víctimas.