La mayoría murió por asfixia después de que un integrante de la banda disparó una bengala y el aislamiento acústico se prendió fuego, inundando rápidamente la discoteca Kiss de humo tóxico.
La licencia operativa del local estaba vencida y, según testigos, los guardias de seguridad bloquearon inicialmente la salida de las personas porque temían que trataban de largarse sin pagar la cuenta.
Tarso Genro, el gobernador del próspero estado de Río Grande do Sul donde ocurrió la tragedia, dijo que los dueños y los músicos estaban bajo custodia de la policía para asegurar "que estó nunca vuelva a ocurrir".
Genro dijo que las autoridades están concentradas ahora en investigar las casas del accidente. "Vamos a averiguar quién fue el responsable", dijo.
Ochenta y dos personas continuaban hospitalizadas, al menos 30 de ellos en condición grave.
La presidenta Dilma Rousseff visitó el lugar el domingo, visiblemente enojada.
Amigos y familiares de las víctimas pidieron esclarecer las responsabilidades, dando inicio a una secuencia de investigaciones policiales, demandas y recriminaciones que podría extenderse por años.
Tras escuchar los testimonios de más de 20 testigos, los investigadores están convencidos de que el incendio fue desatado por una bengala disparada por la banda, dijo el oficial de policía Sandro Meinerz. Los reportes de que el club estaba operando por encima de su capacidad de 1.000 personas son probablemente falsos, añadió.
"Los testigos dijeron que el club no estaba tan lleno como en la semanas previas, lo que seguramente evitó una tragedia aún mayor", dijo.
El guitarrista Rodrigo Lemos Martins, de 32 años, sugirió que la banda no fue responsable por el incendio. "Había muchos cables (en el techo), quizás fue un cortocircuito", dijo según el diario Folha de Sao Paulo.
El acordeonista del grupo, Danilo Jaques, de 30 años, fue uno de los muertos. Los otros cinco integrantes escaparon con vida.