En El Vaticano, sin embargo, no pensaron lo mismo, y se apresuraron a criticar duramente el contenido de la obra. Entre otros señalamientos, destaca la postura de Farley frente a la masturbación; según ella, muchas mujeres han encontrado un gran bien en complacerse a sí mismas ―quizá sobre todo en el descubrimiento de sus propias posibilidades de placer― algo que muchas no han experimentado o incluso desconocen en sus relaciones sexuales habituales con sus esposos o amantes. De hecho, (la masturbación) sirve a las relaciones más de lo que las estorba.
Igualmente la religiosa considera que las personas homosexuales merecen, además de respeto, el reconocimiento pleno de sus derecho en virtud de los principios de igualdad y no discriminación; el divorcio y el matrimonio en personas que ya alguna vez estuvieron casadas, Farley tampoco los desestima.
Estas temerarias opiniones se consideraron ofensivas a los principios del catolicismo entre las autoridades religiosas, particularmente las que componen la Congregación para la Doctrina de la Fe (encabezada por Joseph Ratzinger antes de que este se convirtiera en papa).
“La hermana Farley manifiesta un entendimiento defectioso del objetivo de la naturaleza de la ley moral natural. Esta aproximación no es consistente con la teología católica auténtica”, dice un comunicado difundido al respecto. Recordemos que en el credo católico la masturbación es un “acto gravemente desordenado”, la homosexualidad una “depravación grave” y el divorcio o la vuelta a casarse violaciones a “la ley de Dios”.
Curiosamente el libro de Farley no es nuevo. Su primera publicación data del 2006 en USA, donde gozó de cierto éxito entre los educadores católicos e incluso se hizo acreedor a un importante premio que se otorga a los libros de corte religioso.
Al parecer esta censura se inscribe en las pugnas políticas que mantiene El Vaticano contra varias órdenes religiosas femeninas asentadas en USA.
Cabe mencionar que el caso de la hermana Farley no es tan único dentro de esta confesión. Hace poco más de un año el fraile capuchino Ksawery Knotz dio a conocer un “kamasutra católico” con el cual invitaba a entrar en comunión con la divinidad, pues, según él, “Dios está en el orgasmo”.
En otras religiones puede citarse el caso del heterodoxo monje budista Ikkyu Sojun, que buscaba la iluminación entre las tabernas y los muslos de las mujeres.