El gobierno holandés, según la propia Casa Real, estaba informado de la compra, desde que el 11 de enero el príncipe Guillermo informó al primer ministro Rutte, quien no puso objeción alguna “porque es un asunto privado”.
La casa, que en realidad son tres construcciones separadas dentro de un complejo de 4.000 metros cuadrados, es todo un lujo: piscina, puerto y playa privada , todo en un entorno idílico en el país europeo más castigado por la crisis económica.
Según la prensa holandesa, la compra se hizo a principios de este año y la casa debería convertirse a partir de ahora en el destino permanente de vacaciones de la pareja real, porque el gobierno holandés habría hecho saber a la Casa Orange que no estaba dispuesto a seguir organizando un equipo de seguridad para un destino diferente cada verano. Guillermo y Máxima tienen por costumbre pasar las vacaciones de verano fuera del país.
Los príncipes ya intentaron construir una mansión en otro paraíso, en la península mozambiqueña de Machangula. El proyecto, que incluía todo un desarrollo inmobiliario, fue duramente criticado en Holanda y varios partidos políticos pusieron el grito en el cielo por su construcción, por lo que los príncipes, ante el escándalo, vendieron los terrenos que habían comprado.
La mansión de Mozambique se intentó vender al público holandés entonces como una inversión en un país pobre, una muestra del amor de la Casa Orange por Africa y para que las tres hijas de la pareja “aprendan desde pequeñas lo afortunadas que son por haber nacido en Holanda”.
El dinero de esa venta –que entonces se anunció “por una cantidad simbólica”– según la Casa Real holandesa, habría servido para comprar ahora la mansión griega.
Según el diario holandés ´De Telegraaf´, la casa fue comprada a un conocido fotógrafo alemán, a quien el príncipe Guillermo le habría expresado el interés de comprar su propiedad cuando en agosto de 2010 acudió, en una localidad cercana, a la boda del príncipe griego Nicolaos.