Sus palabras fueron censuradas en Alemania, donde cualquier crítica a Israel es tabú por el Holocausto perpetrado por los nazis, una suerte de culpa extendida. Hasta ahora, el país que perpetró contra los judíos uno de los crímenes más monstruosos de la historia ha evitado cualquier protagonismo en el conflicto de Oriente Próximo, limitándose a respaldar a Israel como forma de expiar el pasado.
La propia autoridad moral de Grass no se ha recuperado del todo después de que en 2006 admitiera que sirvió en las Waffen SS en el último año de la Segunda Guerra Mundial, con 17 años, al igual que el actual Papa, Joseph Ratzinger.
"¿Por qué solo ahora lo digo (...): Israel, potencia nuclear pone en peligro una paz mundial ya de por sí quebradiza? Porque hay que decir lo que mañana podría ser demasiado tarde", escribió.
"Y porque - suficientemente incriminados como alemanes - podríamos ser cómplices de un crimen que es previsible", afirmó, y agregó que el pasado nazi de Alemania y el Holocausto no son excusa para guardar silencio sobre la capacidad nuclear de Israel.
"No sigo callando porque estoy harto de la hipocresía de Occidente", dijo Grass, que ganó el Premio Nóbel de Literatura en 1999 por novelas como "El tambor de hojalata", en la que hace una crónica de los horrores en la Alemania del siglo XX.
Está generalmente asumido que Israel es el único país de Oriente Próximo con armas nucleares, algo que ni confirma ni desmiente. Este tipo de armamento podría ser transportado en los submarinos Dolphin que ha comprado a Alemania.
El estado judío ha amenazado con atacar Irán con o sin permiso de USA para frenar la que considera amenaza nuclear de la república islámica. Teherán sostiene que su tecnología atómica solo tiene propósitos civiles de generación de energía. El poema, publicado también en el New York Times, La Repubblica o El País, pide que una "instancia" internacional controle tanto las armas nucleares de Israel como las centrales iraníes.
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El diario Welt lo llamó "el eterno antisemita" en un artículo en portada en el que comentó el poema, que circuló ampliamente antes de su publicación: "Grass es el prototipo de antisemita educado que tiene buenas intenciones hacia los judíos. Está perseguido por la culpa y la sensación de vergüenza, y al mismo tiempo se ve impulsado por el deseo de equilibrar la historia", escribió el periódico.
Para muchos, el escritor es la voz de una generación que creció durante la Segunda Guerra Mundial, durante la dictadura de Adolf Hitler y tuvo que cargar el peso de la culpa de sus padres. Pero después de pedir a sus compatriotas durante décadas que asumieran su pasado nazi, perdió gran parte de su autoridad moral cuando admitió hace 6 años haber participado en las Waffen SS.
Él insiste en que era un adolescente y en que no disparó un solo tiro, pero algunos críticos dijeron que sus explicaciones llegaban demasiado tarde. El relato completo de su época en la guerra apareció poco después en su autobiografía "Pelando la cebolla"
En realidad, Günter Grass no ha escrito un poema, sino que ha disfrazado de poema un artículo sobre el programa nuclear iraní. Como poema, “Lo que hay que decir” no aporta gran cosa a la obra del premio Nóbel. Como artículo disfrazado de poema, marca un punto de inflexión en su mirada hacia la realidad internacional:
“Lo que hay que decir”
GÜNTER GRASS
Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,
sobre lo que es manifiesto y se utilizaba
en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,
solo acabamos como notas a pie de página.
Es el supuesto derecho a un ataque preventivo
el que podría exterminar al pueblo iraní,
subyugado y conducido al júbilo organizado
por un fanfarrón,
porque en su jurisdicción se sospecha
la fabricación de una bomba atómica.
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Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro país en el que
desde hace años —aunque mantenido en secreto—
se dispone de un creciente potencial nuclear,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda inspección?
El silencio general sobre ese hecho,
al que se ha sometido mi propio silencio,
lo siento como gravosa mentira
y coacción que amenaza castigar
en cuanto no se respeta;
“antisemitismo” se llama la condena.
Ahora, sin embargo, porque mi país,
alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez
por crímenes muy propios
sin parangón alguno,
de nuevo y de forma rutinaria, aunque
enseguida calificada de reparación,
va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad
es dirigir ojivas aniquiladoras
hacia donde no se ha probado
la existencia de una sola bomba,
aunque se quiera aportar como prueba el temor...
digo lo que hay que decir.
¿Por qué he callado hasta ahora?
Porque creía que mi origen,
marcado por un estigma imborrable,
me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,
al país de Israel, al que estoy unido
y quiero seguir estándolo.
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¿Por qué solo ahora lo digo,
envejecido y con mi última tinta:
Israel, potencia nuclear, pone en peligro
una paz mundial ya de por sí quebradiza?
Porque hay que decir
lo que mañana podría ser demasiado tarde,
y porque —suficientemente incriminados como alemanes—
podríamos ser cómplices de un crimen
que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa
no podría extinguirse
con ninguna de las excusas habituales.
Lo admito: no sigo callando
porque estoy harto
de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además
que muchos se liberen del silencio, exijan
al causante de ese peligro visible que renuncie
al uso de la fuerza e insistan también
en que los gobiernos de ambos países permitan
el control permanente y sin trabas
por una instancia internacional
del potencial nuclear israelí
y de las instalaciones nucleares iraníes.
Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,
más aún, a todos los seres humanos que en esa región
ocupada por la demencia
viven enemistados codo con codo,
odiándose mutuamente,
y en definitiva también ayudarnos.
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Lo que Grass está poniendo en cuestión en su poema son los fundamentos de la política alemana y, por extensión, occidental, hacia Oriente Próximo, particularmente frente a Teherán. Alemania, viene a decir Grass, ha entendido que asumir la culpa por el Holocausto le exigía guardar silencio ante cualquier política de Israel. Pero asumir esa culpa y la inquebrantable disposición a seguir asumiéndola estaría favoreciendo que Israel -“ese otro país” que, escribe Grass, se ha prohibido a sí mismo nombrar- mantenga un arsenal nuclear sobre el que no se habla y amenace con un ataque al “pueblo iraní, subyugado y conducido al júbilo organizado por un fanfarrón”.
Y en efecto, la política occidental hacia Irán -liderada por Washington- no sólo es cuestionable, sino que, mucho peor, es errática. Ahí está el ejemplo de la Secretaria de Estado de USA, Hillary Clinton en su última visita a la convulsionada región quien decidió, en esta ocasión, volver a apelar al miedo.
¿Qué quiere Clinton para Medio Oriente? ¿El diálogo y la reconciliación o la paz?
Sus pronunciamientos y políticas durante su visita a la región la semana pasada sugieren una beligerancia impaciente en aumento. De hecho, ella parece decidida a extender el caos, la confusión y la ansiedad de muchos de los lugareños, amenazándo y atemorizando.
En Riad el sábado pasado (31/03), volvió a intentar incitar a los países árabes del Golfo contra Irán, un país que insiste en demonizar como "una amenaza regional y global". En una reunión con ministros del Consejo de Cooperación de Relaciones Exteriores del Golfo (Arabia Saudita, Kuwait, Bahrein, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Omán) se propuso erigir un fuerte escudo antimisiles para proteger a los estados árabes del Golfo. "Es una prioridad de USA", declaró "para ayudar a los países del Consejo a construir una arquitectura de defensa antimisiles regional" contra lo que ella ve como una amenaza de los futuros misiles balísticos de Irán.
Es difícil imaginarse cómo Irán tendría ningún interés concebible en un ataque, por no hablar de destrucción, a los estados del Golfo. Después de todo, muchos de ellos son sus principales socios comerciales. -o al menos lo eran antes de que USA empezase a hostigar la banca y los lazos comerciales de Irán.
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Sin duda la propuesta de Clinton de un escudo antimisiles podría ser bueno para los contratistas de la defensa estadounidense. Pero tiene poca relevancia local. Tiene un extraño parecido al sistema de defensa propuesto por USA para Europa frente a un hipotético ataque iraní con misiles nucleares.
Porque la realidad dice que muchos países árabes del Golfo ver a Irán más como un socio potencial que como un enemigo. Piensan que USA e Israel están tratando de profundizar la brecha entre Irán y los árabes -y entre sunitas y chiítas- para su propia ventaja geoestratégica. Los musulmanes creen, en su mayoría, que deben cerrar filas contra las potencias extranjeras que quieren sembrar la división entre USA e Israel por un lado e Irán por el otro. Sin duda la vocación esencial del Reino de Arabia Saudita -donde está La Meca- es unir a los musulmanes no dividirlos.
Catherine Ashton, la jefa de la Unión Europea en asuntos externos, está tratando de relanzar las negociaciones sobre la cuestión nuclear entre Irán y los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania (el llamado 5+1). Pero en lugar de prestar el pleno apoyo de USA a la iniciativa, Hillary Clinton insiste en poner en duda la sinceridad de Irán en su supuesta voluntad de llegar a un acuerdo.
"Depende de Irán, cuando estén listos para tomar la decisión correcta", declaró en Riad. "Lo que es seguro", añadió, "es que la ventana de la oportunidad de Irán para solicitar y obtener una solución pacífica no va a permanecer abierta por siempre". Este es precisamente el lenguaje que se suele escuchar de boca del primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu.
Clinton, de hecho, expresó sus serias dudas acerca de si la República Islámica tenía alguna intención de negociar una solución que satisfaga a USA e Israel. Como es bien sabido, Israel quiere cerrar el programa nuclear de Irán por completo -un objetivo totalmente irreal. Como signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), Irán tiene derecho a enriquecer uranio con fines civiles pacíficos bajo la supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA). Guste o no guste, es así.
¿Está diciendo ahora Clinton que USA ha adoptado la posición israelí de “enriquecimiento cero”? Si ese es el caso, está socavando los esfuerzos para relanzar las conversaciones con Irán antes de que estas siquiera empiecen, lo que constituye precisamente el objetivo de Israel.
Por su parte, el presidente Barack Obama ha avanzado con nuevas sanciones contra Irán, con el evidente propósito de cerrarle sus exportaciones de petróleo. Pero estas agobiantes medidas, sin embargo, hacen poco probable una capitulación de Irán. Lo que la República Islámica quiere es respeto, quiere el reconocimiento de su papel regional y garantías contra un ataque foráneo, algo que no está en la agenda de Washington y los países occidentales.
A lo que se le suma Siria. Pero, se sabe, Siria no es nada sin Irán. De hecho, la intervención norteamericana de Washington en Siria debe leerse en clave iraní.
Y de ser esto así, y no renunciando Irán a sus pretensiones nucleares, el cuento de terror está comenzar. Va a ser de susto.