El fiscal se refirió a la agresión "salvaje, premeditada, organizada a sabiendas de los efectos devastadores del ácido", y apuntó al carácter manipulador del responsable del ataque, que "considera al resto de personas objetos".
"Me convertiste en un monstruo", le gritó Patricia Lefranc a su agresor y antiguo novio durante una de las últimas audiencias del juicio.
En 2009, el hombre se hizo pasar por otra persona y le tocó el timbre de su casa para entregarle un paquete. Una vez cara a cara, le arrojó una lluvia de ácido sulfúrico que le destruyó el rostro y le causó gravísimas quemaduras en el 30 por ciento del cuerpo.
Durante la primera sesión del juicio, Remes dijo que se trataba de "una broma que le salió mal". Según cuenta, su intención era darle un susto a Patricia porque quería dejarla. "Yo amaba a Patricia Lefranc. Pero con ella, un día era blanco y otro negro, un día te amo y otro te dejo", afirmó el acusado durante el proceso.
Patricia Lefranc, de 46 años, explicó cómo su agresor le arrojó ácido una primera vez en la cara y luego, cuando estaba en el suelo revolcándose de dolor, le sujetó las rodillas con los pies para rociarla una segunda vez de forma meticulosa.
"Quiso matarme, vi que sabía muy bien lo que hacía", relató la víctima, quien explicó que sufre dolores crónicos muy fuertes y ha debido someterse a numerosas operaciones.
Los daños causados fueron de tal gravedad que la víctima ha tenido que someterse desde entonces a más de 80 operaciones y ha perdido la vista de un ojo, una oreja y un dedo.
En el juicio también comparecieron otras mujeres que mantuvieron relaciones con Remes, al que describieron como un hombre "agradable y encantador", y se declararon "atónitas" de saber que él había cometido un ataque tan terrible.
Antoinette Gallemaers, una ex amante del acusado que fue inculpada en 1988 junto a Remes del asesinato de su propia hija, de 17 meses, afirmó que su caso guarda similitudes con el de Lefranc, ya que cuando sucedieron los hechos acababa de dejar a Remes, quien se negaba a aceptar la separación.
Según declaró, la noche de la muerte de su hija, que según la autopsia realizada falleció por asfixia y fue posteriormente arrojada por una ventana, ella durmió de un tirón toda la noche sin enterarse de nada, lo que le hace pensar que pudo haber sido drogada por el acusado.