Amparada en estos recovecos legales, Liuxia Wong, acusada de violar los derechos de autor de cierta película pornográfica, contrademandó a la productora Hard Drive Productions, la cual le pedía 3.400 dólares por no proceder ante tribunales por haber compartido dicho material en BitTorrent sin su permiso.
La mujer, sin embargo, no se intimidó y buscó la ayuda de un abogado, y ahora, con firmes argumentos, podría, por un lado, acabar con estas prácticas extorsionadoras al parecer muy usuales entre los artífices de la industria del porno y, por otro, en una perspectiva mucho más amplia, contribuir a que las leyes de propiedad intelectual sean menos estrictas en su campo de acción.
Aparentemente, el brete está dado en USA: o se declara al porno útil para el progreso de la ciencia y el arte o se concluye que todo producto intelectual es, potencialmente, inútil para el progreso de la ciencia y el arte.