La relación establecida en el último año entre los barras del Ahly y las manifestaciones contra la dictadura se interpretó de inmediato como un factor esencial en los hechos. Los Hermanos Musulmanes se preguntan por qué se permitió que en el estadio entraran personas armadas con cuchillos y bengalas.
Los jóvenes revolucionarios que impulsaron la revolución desde la plaza de Tahrir, hace un año, acusan directamente a la Junta militar que gobierna Egipto desde la caída del presidente Hosni Mubarak: “La Junta militar quiere demostrar que el país se desliza hacia el caos y la destrucción, son gente de Mubarak y aplican la misma estrategia que seguía él cuando se proponía como única alternativa al caos”, dijo a Reuters Mahmud al-Naggar, miembro de la Coalición de la Juventud Revolucionaria en Port Said.
Seguidores del Masri, el equipo local, declararon que entre los suyos se detectó la presencia de “infiltrados”, personas a las que no conocían y que tuvieron un papel fundamental en el inicio de los disturbios.
El Gobierno envió helicópteros militares a Port Said para evacuar heridos. La llegada a El Cairo de los primeros trenes con los supervivientes de la batalla de Port Said se convirtió en un acto político, con gritos contra la Junta Militar. El jefe de la Junta, mariscal Mohamed Tantaui, intentó minimizar daños con una llamada telefónica a la televisión del Ahry en la que prometió “castigar a los culpables”. Por el momento hay 47 personas detenidas. Tantaui decretó tres días de luto nacional y ordenó la suspensión indefinida de la Liga egipcia.
A mediodía empezarán a celebrarse los funerales por los muertos. Fuerzas militares han establecido puestos de control en los accesos a Port Said y patrullan las calles, mientras apenas se percibe presencia policial. Tras los funerales han sido convocadas manifestaciones de protesta.