El problema es tan grave que un grupo de parlamentarios quedó a cargo de elaborar un plan radical, que incluye la venta del edificio, ubicado frente a la Abadía de Westminster, y el traslado del Parlamento a otro sitio más seguro.
Esa posibilidad le podría costar al Tesoro hasta US$ 780 millones.
Aunque es improbable que los políticos británicos decidan finalmente abandonar el sitio que es símbolo del poder desde hace más de 1.000 años, fue el presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow, quien sugirió la idea, lo cual indica la escala del problema, según escribió hoy el dominical Mail on Sunday.
Los parlamentarios tienen previsto mañana mantener una reunión de emergencia en Londres para considerar todas las opciones.
La Comisión pluri-partidaria de la Cámara de los Comunes, presidida por Bercow, analizará los documentos de los arquitectos y expertos acerca de los riesgos de hundimiento del Palacio de Westminster por las napas de barro del Támesis, y evaluará los problemas eléctricos, riesgos de incendios y otras amenazas de seguridad.
Incluso las viejas calderas del edificio, que datan de antes de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), estarían "a punto de estallar".