Al dar a conocer su primer avance de resultados, Piero Corvetto, jefe de la ONPE, había advertido que estos “son los resultados de los avances de los locales más cercanos a nuestros 104 centros de cómputo”. “Son urbanos. Falta procesar lugares rurales y el voto en el exterior”, acotó.
Algunos conceptos interesantes de Chaparro:
-¿Por qué cambió la tendencia entre la encuesta a boca de urna y el conteo rápido de América TV/IPSOS Perú?
-Porque la muestra a boca de urna está sujeta a varias ausencias: no hay voto extranjero, ni estimado de ausentismo; no considera las objeciones en mesa, la gente dice que votó por un candidato, pero puede que haya votado por otro, no han registrado todos los que fueron sino la gente que estuvo desde las 7:00 hasta las 16:30 aproximadamente. Hay varias restricciones en el resultado a boca de urna.
-El conteo rápido incluye el voto extranjero, ¿también toma en cuenta el voto rural?
-El voto rural ya estaba en el resultado a boca de urna. Si el muestreo está bien hecho, ha captado gente que se ha movilizado en zonas rurales a sus locales de votación. En el conteo rápido ya está incluido el voto extranjero, se controla el nivel de ausentismo, que es un elemento bien importante, ya no hay el sesgo de que dicen una cosa y marcaron otra, porque la persona que durante el día estuvo encuestando a la salida del colegio, entra al local de votación, espera que las actas oficiales se pongan en la pared, toma nota del resultado y lo sube al sistema.
-¿Cuánto peso tiene el voto rural en comparación con el del extranjero?
-En general, la población electoral en zonas rurales es de 20%, en la medida en que está en sierra y selva, y allí es donde hay mayor ausentismo también. Hay departamentos como Cajamarca que, en primera vuelta, ha tenido casi 40% de ausentismo, como Pasco también. El voto rural potencialmente son casi 5 millones, y el voto del extranjero es casi 1 millón, pero hay que medir el ausentismo. En el extranjero no te cobran multa, entonces el nivel de participación ha sido alrededor de 40% en otros procesos electorales, pero en primera vuelta fue 20% aproximadamente. Cuántos fueron a votar, lo sabremos con los resultados oficiales. Ni siquiera el conteo rápido dará cuenta de eso porque normalmente se toma los grandes conglomerados, donde hay más peruanos, como Estados Unidos; de Europa se suele tomar España; en América del Sur, Argentina y Chile. (...)
-Con esta diferencia tan corta, ¿tardará mucho la ONPE en dar un resultado oficial?
-Sin considerar las actas oficiales, entiendo, y así lo ha anunciado la ONPE, al miércoles 09/06 deberían tener las actas contabilizadas, pero a partir de allí se da el proceso de resolución de actas observadas. Y cuando estas se resuelven, se da el resultado oficial. El día miércoles lo que hay que tomar en cuenta es si el total de actas observadas supera la distancia entre los candidatos; si lo hace, hay que esperar a que se resuelvan, pero si no supera esa distancia, así el 100% fuera favorable al segundo candidato, igual no va a alcanzar. Entonces, aunque no haya un resultado oficial, ya está.
-¿Le pareció que hemos tenido unas elecciones limpias en esta segunda vuelta?
-Estuvieron particularmente sesgadas. En general, las elecciones han sido una puesta en escena de nuestra precariedad política. Parte de algunos medios han parecido aparatos de propaganda, por la desinformación que hubo, señalando los errores de un candidato y ocultando los del otro. Porque ninguno es inmaculado, ambos tenían problemas, pero se ponía el foco en los de uno y no en los del otro. Y lo otro es que la candidatura de Castillo era prestada, porque Perú Libre era un vientre de alquiler, en toda la campaña se han visto las dificultades entre Cerrón y Castillo y la precariedad de sus propuestas. Eso es expresión de que fue un acuerdo electoral. Y del lado del fujimorismo, básicamente es una agrupación familiar que termina postulando, con las redes que lo apoyan, aunque Keiko dijo en su momento que en el 2021 ningún Fujimori postularía, y lo hizo porque el fujimorismo sin un Fujimori no saca nada.
-Había que escoger entre malas opciones, que para algunos eran las peores...
-Es terrible. Castillo postula en una candidatura medio armada en el momento, pues su esposa aparece en un video señalando que había querido formar un partido, pero no pudo, y eso lo hemos visto en otras candidaturas. Y en el caso del fujimorismo, la candidata tiene una acusación por 30 años de cárcel, el hermano por 2, el padre en la cárcel. Todo es muy precario.
-Resulta paradójico que muchos de los que llamaron a votar sin odio, son los que terruquean a los que no piensan como ellos. ¿Cómo se puede reconciliar al país enfrentado en estas elecciones?
-Indudablemente se ha extremado y es una espiral de violencia que se retroalimenta con gran rapidez, y que incluso la fomentan los partidos. Y lo han hecho ambos lados, por ejemplo, Castillo con su discurso populista de “no más pobres en un país de ricos”, y del otro lado asustan con el comunismo. Si los encargados de canalizar la demanda popular, que son los partidos, terminan repitiendo el estereotipo de sus seguidores, retroalimenta en lugar de darle cierto nivel de visión, pausa y racionalidad. Un partido debe escuchar a sus votantes e incorporar sus preocupaciones, pero el rol de los líderes y de las instituciones es tomar esa demanda, procesarla y devolverla con un valor agregado de lucidez, pero lo que ha habido es un reforzamiento de estereotipos y una polarización. A eso súmale los medios, que muchos han tenido el mismo discurso. Ahora, gane quien gane, tendrá que gobernar para todos, y volver a tomar ese canal será complicado porque ha sido todo muy intenso y lo seguirá siendo por lo menos esta semana, por lo que estamos viendo. (...)
-Ha sido una campaña muy polarizada, que ha dividido al país en dos...
-Porque se ha dado, del lado de Castillo con propuesta de cambio, pero sin terminar de plantear cómo. Es como si te dijera voy a mover tu casa y me pides los planos, pero te digo que después te los muestro. Obviamente te pones ansioso. Y lo que el país ha dicho es que quiere cambios, pero el señor Castillo no dijo cómo, y propone una Asamblea Constituyente bajo mecanismos que, en primera instancia, no son los constitucionales. Y del otro lado hay una inmensa desconfianza porque Keiko Fujimori planteó una serie de cosas e hizo todo lo contrario. Todo ese clima de incertidumbre ha generado una movilización de fantasmas, de un lado y del otro, gigantes.
-¿El racismo también tuvo un peso importante en la opción de voto?
-También. El racismo ha estado presente en estas elecciones. Para un sector, Castillo es un hombre de pueblo, del interior, provinciano como yo, dirían unos; profesor, además, un hombre al que sentían cercano por su estilo y forma de comunicarse. Y con eso se ha identificado un sector del país, y por el mismo motivo generó el rechazo de otra parte. El racismo formó parte del coctel que hemos tenido en estos días.
-Y el miedo diseminado de que se instauraría el comunismo en el país...
-Eso es lo otro, que ya López Aliaga lo decía, e incluso para él hasta los candidatos de centro eran comunistas. Eso, de alguna manera, fue continuado por el fujimorismo en segunda vuelta, que incluso decía Castillo senderista, que es más complicado. El fujimorismo casi centró, yo diría tres cuartas partes de su campaña en tiempo, en repetir eso. Cuando en encuesta del IEP preguntan por qué votas por Keiko Fujimori, el principal argumento era el anticomunismo, no había ningún pro. Eso me hace acordar la campaña de Alan García en el 2006, en que se enfrentó a Ollanta Humala también haciendo la asociación entre Humala y Hugo Chávez, y anunciaba un cambio responsable. Acá, el fujimorismo hablaba de un cambio hacia adelante, pero mostró poco, y en su momento, en el debate, más que nada hizo ofertas demagógicas clientelistas, que no es un cambio, sino es lo mismo de siempre, ofertas que plantean un vínculo de clientelismo.