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Será un comicio muy reñido

Los venezolanos tuvieron un sábado 06/10 de reflexión, antes de acudir masivamente a las urnas hoy domingo 07/10 para una histórica elección que sellaría el destino del polarizado país petrolero.

 

por JUAN O. TAMAYO y ANTONIO MARÍA DELGADO 
 
CARACAS (El Nuevo Herald). Unos 19 millones de electores están registrados para votar y deberán decidir si extienden a 20 años el mandato del presidente Hugo Chávez para que profundice su Revolución Bolivariana o si ya es hora de que Venezuela transite por otros rumbos bajo un gobierno del opositor Henrique Capriles.
 
Hasta el momento, las encuestas se encuentran divididas con algunas de ellas mostrando que Chávez está adelante por un cómodo margen y otras otorgando a su rival una estrecha ventaja.
 
Los comicios están ensombrecidos por el fantasma de la violencia, en medio de las recurrentes advertencias, emitidas por el propio Chávez, de que la oposición planea desconocer los resultados y las sostenidas acusaciones de que grupos armados vinculados al chavismo tienen previsto salir a la calle el domingo.
 
No obstante, los venezolanos parecían estar dispuestos a salir masivamente a los centros de votación.
 
“Esto ya está en manos del pueblo”, declaró Jesús Alberto Carranza, un trabajador social de 47 años que reside en la popular zona de Caracas del 23 de enero. “Va a haber colas para votar temprano. Aquí hasta el gato va a salir.”
 
La calma reinaba el sábado en Caracas, con un escaso tráfico de vehículos que constituían un bienvenido cambio frente a la congestión y frenética actividad de días anteriores.
 
Ausentes también de las calles se encontraba la música electoral, que era transmitida a todo volumen para irritación de muchos durante gran parte de la campaña.
 
Algunas de las personas consultadas en las calles se mostraban renuentes a declarar por quién se disponían a votar. Carranza era uno de ellos y admitió que las elecciones eran importantes “porque hay gente que quiere cambiar el proceso político”, sin llegar a decir que él se encontraba entre ellos.
 
Otros de los que declinó revelar sus preferencias en el 23 de enero era el vendedor de lotería Gualberto Suárez, de 62 años, quien sólo se atrevió a admitir que esa zona ya no es tan chavistas como eran antes.
 
“Hay gente aquí que alardean y dicen que van a votar por Chávez pero la verdad es otra”, sostuvo.
 
El temor a la violencia se mantenía fresca en la mente de Suárez, quien advirtió sobre la posibilidad de que Venezuela entre en una situación de “conflicto” porque Chávez “levanta un fanatismo entre mucha gente”.
 
Chávez llegó a acumular una gran popularidad dentro del país petrolero, con promesas de inclusión y emprendiendo abundante programas sociales que buscaban favorecer a las personas de menos recursos.
 
Pero sus adversarios advierten que los principales problemas del país —la inseguridad personal, el déficit de viviendas, la inflación y el desempleo— en realidad se agravaron durante su gestión y que ahora, después de 14 años de gobierno, parte considerable de su base tradicional de seguidores han dejado de creer en sus promesas.
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En juego en la elección está la continuidad de la revolución impuesta por Chávez, quien al registrar formalmente su candidatura para la reelección presentó un plan de gobierno que promete incrementar significativamente el control del Estado sobre la actividad económica, política y social de los venezolanos.
 
El plan también sellaría en la Constitución la revolución socialista de Chávez, transformando la actual estructura del poder político y realzando el papel económico de las agrupaciones revolucionarias denominadas comunas.
 
Estos cambios, según el chavismo, son necesarios para terminar con la desigualdad en el país petrolero, pero la oposición sostiene que el socialismo de Chávez sólo ha servido para destruir las instituciones democráticas del Estado y el aparato productivo del país, generando en consecuencia una mayor pobreza.
 
Adicionalmente, la oposición acusa a Chávez de colocar el avance de su revolución por encima del bienestar de los venezolanos, con subsidios de miles de millones de dólares a sus aliados, principalmente Cuba, que dejaron de ser invertidos en la construcción de hospitales, carreteras y escuelas.
 
Pese a criticas como esas, la revolución sigue teniendo seguidores dentro del 23 de enero, zona que sigue mostrando rastros de su aguerrida historia, con paredes repletas de graffiti y murales mostrando imágenes de Chávez, Marx, el Ché, Kaddfi, y el subcomandante Marcos, de México.
 
Uno de los murales muestra a Jesucristo sosteniendo la Constitución venezolana y otro a la Virgen María sosteniendo un fusil AK-47.
 
William Martín, quien nació hace 53 años en el popular distrito y sigue viviendo allí, dijo ser “muy chavista” y estar a favor del Socialismo del Siglo XXI.
 
Describiéndose a si mismo como un “luchador social”, Martín aseguró que mantiene la fe en la democracia pero lanzó una advertencia a la oposición en caso de que salga victoriosa en los comicios del domingo.
 
Martín aseguró que no quiere el caos, pero si Chávez pierde “este pueblo no se va a calar [no aceptará] que le quiten las misiones [como se conocen en Venezuela los programas sociales de Chávez]”.
 
La preocupación sobre la violencia también estaba presente en Caurimare, un sector de clase media en Caracas donde algunos supermercados estaban registrando compras compulsivas.
 
Celestina Paz, una vigilante en uno del Supermercado Plansuarez, afirmó que se habían creado colas inusualmente largas frente a las cajas registradoras.
 
Cuando se le preguntó por qué, sonrió ligeramente y con aparente ironía antes de contestar: “porque mañana es el fin del mundo”.
 
En el mismo supermercado, las compras de algunos clientes también reflejaban preocupación sobre posibles interrupciones en el servicio eléctrico durante los comicios, con empleados reponiendo las estanterías con velas por segunda vez el sábado.
 
Magda Riveron, de 34 años, acudió al local desde la aledaña urbanización de El Cafetal. Se encontraba comprando servilletas de papel y velas. Al preguntársele por qué lo hacia: respondió: “Bueno, yo siempre le pongo mi velita a la virgen, pero le aseguro que estas no son para Chávez”.

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