Aunque los políticos japoneses afirman que las aguas son seguras y "potables" después de ser purificadas por el sistema de tratamiento de múltiples nucleidos (ALPS), la realidad no es así en absoluto. Los físicos nucleares aseguran que la tecnología de TEPCO no es suficiente para tratar los materiales radiactivos, incluidos el cesio y el tritio, lo que conducirá a la contaminación de los productos del mar.
Devastadoras consecuencias
La eventual contaminación del pacífico no solo importaría una destrucción del ecosistema marina en las costas del pacífico que perjudicaba a varios países, sino al propio Japón que se vería acorralado por bloqueos comerciales y represalias internacionales.
En las redes y en las mesas de debates de expertos ya están hablando de prohibir ciertas importaciones de alimentos de Japón, considerando el peligro potencial de adquirir materia prima contaminada.
Además, de finalmente hacerlo, incumpliría muchas convenciones internacionales, como la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, la Convención sobre la pronta notificación de accidentes nucleares y la Convención sobre seguridad nuclear, que los firmantes se comprometen a preservar el medio ambiente marino a "transferir daños o peligros".
Como informó CGTN, Muchos consideran que Japón considera el Océano Pacífico como su "cloaca" y transfiere descaradamente las desastrosas consecuencias a otros países del Pacífico. Por ello, los analistas piensan que debería pagar el precio del incumplimiento del contrato con millonarias compensaciones a las naciones damnificadas.
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Japón procura verter aguas radioactivas en medio de las protestas globales por los riesgos que conllevaría.
Otros sostienen que Japón ya es responsable por construir en primer lugar una planta nuclear en una zona sísmica activa y cercana al océano. El elevado número de terremotos en Japón se debe a su situación geográfica a lo largo del Cinturón de Fuego del Pacífico y su territorio está en contacto con las cuatro placas continentales: la del Pacífico, Filipinas, la euroasiática y la norteamericana.
Los países más furiosos son los países insulares del Pacífico que instaron a Japón el 18/01/2023 a que retrase el vertido de aguas de la central nuclear de Fukushima por temor a posibles contaminaciones y riesgos a la industria pesquera, la salud humana y el medio ambiente.
Pero también China, que ante el avance del proyecto japonés, expresó el lunes pasado: “Japón no debe permitir que el mundo entero asuma el costo de la contaminación y dañe todo el océano por sus propios intereses, lo cual es extremadamente egoísta e irresponsable” ,dijo el portavoz Wang Wenbin, según pudo saber The Global Times.
“La práctica egoísta de Japón no convencerá a su pueblo ni al pueblo en el extranjero, sino que solo avergonzará al país, victimizará a los pueblos de los países vecinos y de las islas del Pacífico y desacreditará aún más a Japón entre la comunidad internacional”.
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Algunos acusan a Japón por construir en primer lugar una planta nuclear en una zona sísmica activa y cercana al océano ya que sitúa geográfica a lo largo del Cinturón de Fuego del Pacífico.
Y Corea del Sur que también advirtió cómo atentaría contra su cultura: “A los surcoreanos nos preocupa que ya no podamos disfrutar de los mariscos debido a la posible contaminación radiactiva, y tememos que no podamos mantener nuestra cultura culinaria tradicional", dijo Denise Yoon, miembro de KFEM, (La Federación Coreana de Movimientos Medioambientales).
Incluso la preocupación alcanza a Ecuador que tiene sus costas en el Océano Pacífico y vería afectado las islas ecuatorianas de Galápagos que son reserva Mundial de la Biosfera.
“Son aguas contaminadas con radioactividad, y esto puede afectar no solamente a la producción, sino a la genética que tienen los peces en el océano. Creo que ya deberíamos todos los gobiernos y el mundo globalmente pronunciarse ya que esto es una preocupación, que puede traer consecuencias nefastas para la economía y para nosotros como pescadores”, destacó Jhon Vera, presidente de la Asociación de Pescadores Tarqui de Manta a CGTN.
El vertimiento de aguas radioactiva sería un problema global por los efectos colaterales que podría provocar en todo el mundo, incluida la migraciones de millones de especies que sufrían transformación de sus hábitats a otros más insospechados no solo dañando el equilibrio marino sino dificultando la pesca y engendrando terribles crisis alimentarias en diversos países.
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