"La única opción será verter el agua en el mar y que se diluya", dijo en Tokio el ministro de Medio Ambiente de Japón. "Todo el Gobierno va a discutirlo pero me gustaría ofrecer mi sencilla opinión", indicó. La decisión del Gobierno sobre el destino final del agua radiactiva está a la espera de un informe de un grupo de expertos.
Verter el agua contaminada al mar provocará probablemente el enojo de países vecinos como Corea del Sur, que ya convocó en agosto a un diplomático de la Embajada de Japón para pedir explicaciones sobre los planes del Gobierno nipón con el agua radiactiva de Fukushima.
El agua tóxica producida al enfriar los desechos y otros procesos en la planta de Fukushima se purifica utilizando el Sistema avanzado de procesamiento de líquidos, que se dice es capaz de eliminar casi todos los materiales radiactivos, excepto el tritio.
Las relaciones entre ambos países no pasan por su mejor momento por las diferencias surgidas por la decisión de la justicia de Corea del Sur de exigir a compañía japonesas compensaciones por haber sometido a surcoreanos a trabajos forzados durante la Segunda Guerra Mundial.
Yoshiaki Harada dijo que su punto de vista se basaba en una visita al complejo de Fukushima, donde vio una serie de tanques que almacenaban el agua, y en tener el apoyo de la Autoridad de Regulación Nuclear para la descarga de agua.
Las plantas nucleares de costa suelen verter al mar agua que contiene tritio, un isótopo de hidrógeno que es difícil de separar y que se considera relativamente inocuo. Tepco, que cuenta con la oposición de los pescadores de la región, reconoció en 2018 que el agua de sus tanques contiene tritio y otros contaminantes.