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La Sagrada Familia alcanza su punto más alto y el homenaje a Gaudí opaca un intento independentista

La Torre de Jesús fue bendecida por el papa León XIV y un show de drones homenajeó a Gaudí, mientras la Policía frustró una protesta con esteladas.

La Sagrada Familia volvió a hacer lo que pocas obras humanas consiguen: detener por un momento el ruido de una ciudad entera. Barcelona miró hacia arriba y encontró, 144 años después, una imagen que parecía más cerca del sueño que de la arquitectura.

La escena coronó el tramo catalán de la visita del papa León XIV a España, que comenzó el 6 de junio en Madrid y siguió después en Barcelona, donde pasó por Montserrat y por la cárcel de Brians 1, en Sant Esteve Sesrovires, convirtiéndose en el primer pontífice en visitar una prisión española. Ayer, el viaje alcanzó su momento más simbólico en la basílica diseñada por Antoni Gaudí, con la bendición e inauguración de la Torre de Jesucristo, el punto más alto del templo.

Con sus 172,5 metros, la nueva torre convierte a la Sagrada Familia en la iglesia más alta del mundo y completa la silueta más esperada del skyline barcelonés, aunque la basílica todavía conserva trabajos pendientes. La ceremonia, acompañada por los Reyes, Pedro Sánchez, Salvador Illa y miles de fieles, terminó con una imagen difícil de borrar: la cruz iluminada sobre la ciudad y el rostro de Gaudí dibujado por drones en el cielo, como si el arquitecto hubiera vuelto para mirar su obra desde arriba.

La noche en la que Gaudí volvió a mirar Barcelona

La bendición de la Torre de Jesucristo tuvo algo de misa, algo de ceremonia de Estado y algo de espectáculo pensado para quedar en la memoria colectiva. León XIV presidió la celebración en el interior de la Sagrada Familia y después salió a la fachada del Nacimiento para bendecir la cruz que desde ahora domina el perfil de Barcelona. En su discurso definió el templo como una "catequesis hecha de piedras, colores y luz" y lo comparó con un faro abierto al Mediterráneo, una imagen que terminó cobrando vida cuando la estructura comenzó a iluminarse al caer la noche.

La visita también dejó espacio para las anécdotas. Después de varios días en los que el Pontífice había sorprendido con gestos de cercanía y hasta con bromas futboleras, incluida su confesión de simpatía por el Real Madrid, el protagonismo pasó definitivamente a Antoni Gaudí. Antes de la ceremonia, León XIV descendió hasta la cripta para rezar frente a la tumba del arquitecto y rendir homenaje al hombre que dedicó los últimos años de su vida a una obra que nunca llegó a ver concluida.

El cierre fue, quizás, el instante más emotivo de toda la jornada. Mientras un coro infantil daba paso al espectáculo final, cientos de drones comenzaron a dibujar sobre el cielo de Barcelona el rostro de Gaudí junto a algunas de sus frases más recordadas, como "Primer l'amor, després la tècnica", antes de formar un enorme "Gràcies" visible sobre la ciudad. Fue una forma de devolver simbólicamente al arquitecto al lugar donde siempre quiso estar: contemplando una Sagrada Familia que, aunque todavía mantiene trabajos pendientes, ya luce la silueta con la que fue concebida hace casi siglo y medio.

El intento independentista que no llegó al cielo

La postal final pudo haber sido muy distinta. Según informó El Confidencial, unos 600 integrantes del coro de la Sagrada Familia fueron desalojados antes del espectáculo exterior después de que las fuerzas de seguridad detectaran esteladas ocultas entre algunas partituras. La intención, siempre según esa versión, era desplegarlas ante el Papa y alterar el programa oficial con el canto de Els Segadors, el himno de Cataluña.

El movimiento no habría sido improvisado. Durante el recorrido de León XIV en papamóvil por los alrededores del templo ya se habían visto algunas esteladas y dirigentes independentistas intentaron acercarse al dispositivo de seguridad, aunque sin demasiado impacto. Esa primera escena terminó funcionando casi como un señuelo, porque la protesta que realmente podía alcanzar repercusión internacional era la que se preparaba dentro de la basílica, con el coro en plena transmisión y frente a las principales autoridades.

Los Mossos d'Esquadra y el operativo de seguridad cortaron la acción antes de que llegara al momento central. Los coristas fueron conducidos al exterior por una puerta lateral y la parte musical prevista para el cierre fue reemplazada por una grabación, de modo que la mayoría de los asistentes no llegó a percibir el cambio. Ya fuera del templo, algunos cantaron Els Segadors y El cant de la senyera, pero la imagen global de la noche quedó lejos de la protesta: la cruz encendida, los drones y el rostro de Gaudí terminaron imponiéndose sobre el intento de llevar el acto al terreno político.

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