El portavoz de la Presidencia turca, Ibrahim Kalin, señaló recientemente que Egipto es el "corazón del mundo árabe” y mostró la voluntad de Ankara de cooperar en el Mediterráneo Oriental, Libia y Palestina.
La historia detrás del acercamiento
Khalil al-Anani, investigador principal del Arab Center Washington DC, explica que antes del golpe de Estado de 2013, Turquía y Egipto sostenían una relación amistosa y creciente. Pero en ese año, el derrocamiento del primer presidente egipcio elegido democráticamente, Mohamed Mursi, por el actual líder egipcio, Abel Fatah al Sisi, produjo un distanciamiento entre ambos países.
En repetidas ocasiones el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, calificó a Sisi de "golpista", detalla el sitio de noticias DW. Además, Erdogan apoyó las manifestaciones antigolpistas lideradas por los Hermanos Musulmanes.
En agosto de 2013, Egipto retiró su embajada de Turquía y, apenas unos meses después, expulsó al embajador turco de El Cairo. Furioso por estos hechos, Erdogan dijo que "nunca respetará a los que llegan al poder mediante golpes militares." Desde ese momento la relación entre ambos países se vino a pique, afirma al-Anani.
Cuestiones claves de su relación
Para el investigador del Arab Center hay tres cuestiones claves que definen la relación entre Egipto y Turquía:
1. La primera es el rol y la influencia de cada país en la región. Por un lado, Turquía ve a Medio Oriente como su patio trasero para ejercer su hegemonía e influencia y, por el otro, Sisi ve a los turcos como una amenaza de la estabilidad en la región, por lo que hay que reducir lo más que se pueda su papel.
Reflejo de esta revalidad son Libia y el Mediterráneo, precisa al-Anani. En Libia, Egipto apoya al general Khalifa Haftar, quien lanzó una ofensiva militar contra el legítimo Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) reconocido por las Naciones Unidas (ONU). Por su parte, Turquía apoya militar y logísticamente al GNA por lo que se incrementaron las tensiones con El Cairo, quien afirmó que "Turquía asumirá toda la responsabilidad de las consecuencias" de la inestabilidad de la región mediterránea.
2. La segunda clave es el Mediterráneo oriental, en donde se han descubierto grandes reservas de gas natural. En 2015, se explaya al-Anani, Egipto descubrió algunas de estas reservas en sus aguas y trató de establecer alianzas con los adversarios de Turquía: Gracia y Chipre. En suma, Ankara fue excluida del llamado Foro del Gas del Mediterráneo Oriental (EMGF - Chipre, Grecia, Israel, Grecia, Jordania, la Autoridad Palestina e Italia) en 2019, el cual tiene como objetivo exportar gas a Europa.
3. Tercera y última cuestión es la alianza entre Egipto y los países del Golfo, principalmente Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. En 2017, Arabia Saudí, los EAU, Bahréin y Egipto decidieron bloquear a Catar, lo cual dio lugar a un bilateralismo más fuerte entre este último y Turquía, detalla al-Anani. Sin embargo, que el bloqueo se haya levantado el pasado 4/1 parece haber dado luz verde al acercamiento entre El Cairo y Ankara.
La alianza entre Egipto, Arabia Saudí y los EAU se amplió para incluir a Israel, y en este contexto, la marea fue en contra el mayor adversario de los israelíes, Irán y, obviamente, Turquía.
De acuerdo a Al Jazeera, Catar y Egipto han mantenido conversaciones por primera vez desde el acuerdo alcanzado en enero para poner fin a la crisis del Golfo. A pesar del acercamiento, según al-Anani, la región está dividida entre dos bloques: Egipto, Arabia Saudí, los EAU e Israel, por un lado, y Turquía, Irán y Qatar, por otro.
Los acercamientos y la desescalada de tensiones puede llegar a reducir vagamente la línea divisoria entre estos dos bloques. Sin embargo, la búsqueda de "buenas relaciones" no son una cuestión de solidaridad, sino que ambos persiguen sus propios intereses económicos y geoestratégicos. Aunque las relaciones diplomáticas se han debilitado fuertemente, Turquía y Egipto no han roto sus relaciones económicas.