Hace unas semanas, la desactivación de un plan para atentar contra Wissam al Hasan llevó a la detención de Michel Samaha, un importante político aliado del presidente sirio Bachar el Asad y provocó enormes momentos de tensión en El Líbano. Al Hasan era una figura muy conocida en el país, cercana al líder suní Rafik Hariri, asesinado en un atentado en 2005.
La explosión pudo escucharse desde otros barrios alejados de la zona como Mar Mikhail, a unos 2 kilómetros del lugar del atentado.
Los enfrentamientos en el pequeño y fragmentado El Líbano se han centrado en el norte, y en general en las zonas cercanas a la frontera con Siria. El sangriento conflicto sirio, fruto de la represión del régimen de Damasco de las protestas nacidas al calor de la primavera árabe, corre el riesgo de contagiarse a Beirut.
La oposición siria acusa a Hezbollah, la milicia chií que domina la vida política libanesa, de apoyar y combatir del lado de las tropas gubernamentales.
El peligro de que la guerra civil siria acabe contagiándose a su vecino es cada vez mayor, no sólo por la participación de Hezbollah, sino porque muchas de las divisiones sectarias que ocurren en Siria tienen su reflejo en El Líbano, país que vivió un salvaje conflicto entre 1975 y 1990, pero nunca fue totalmente pacificado.
Varios miembros del Parlamento libanés, pertenecientes a la oposición, han relacionado el atentado con el conflicto en la vecina Siria. "No hay duda de que el régimen sirio [del presidente Bachar el Asad] está detrás", ha afirmado Carlos Eddé, líder del Bloque Nacionalista Libanés, un partido secular que integra la coalición 14 de Marzo.
"Al Asad quiere extender el estado de guerra civil para justificar la violencia", él agregó. También culpó a Hezbollah e Irán: "No hay duda de quién es responsable", ha dicho, "solo un grupo tiene la posibilidad de utilizar explosivos [en El Líbano]".
"No podemos seguir así. Llevamos advirtiendo un año. Ya basta", aseguró el líder falangista Sami al Gemayel, cuyo hermano fue asesinado en noviembre de 2006.