Desde Gran Bretaña surgió la teoría de que la "cruzada anti-AstraZeneca" era una venganza por el Brexit (y quizás por los mismos incumplimientos del laboratorio en entregar lo que había prometido), ahora que Europa se resignó a tener que mirar hacia Rusia, con su vacuna Sputnik V, para inmunizar a su población frente al Covid-19.
El talón de aquiles de esta teoría yace en que los principales perjudicados, quienes pagarían el costo político de frenar la vacunación en sus países, serían los propios líderes acusados de haber "conspirado" contra el antídoto británico.
Sin embargo, una declaración de autoridades médicas italianas apunta a que los gobernantes pudieron haber tomado la decisión de la suspensión más bien por una cuestión de "presión de grupo" (si mi vecino la suspende, también la suspendo yo).
Y si bien esto no configura una conspiración contra la AstraZeneca al seno de la Unión Europea, sí habla de un elemento que preponderó por sobre el bien común. No se decide en base a qué es lo mejor sino en base a cómo se queda mejor ante la opinión pública.
No sería la primera vez que los gobiernos, llevados por el miedo y queriendo mostrar que hacen todo lo posible por cuidar a la población, toman medidas que luego son ponderadas como absurdas contra el Covid-19. Tampoco sería la primera vez que lo hacen imitando a otro país (si él cierra la frontera, yo también cierro la frontera).
Así se termina generando una cadena de medidas absurdas tomadas para mostrarse como el gobierno que más se preocupa por el Covid-19.
Repasemos los países que ya han suspendido la AstraZeneca: Islandia, Noruega, Suecia, Dinamarca, Irlanda, Holanda, Alemania, Luxemburgo, Eslovenia, Bulgaria, Italia, Francia, España y Portugal.
Ahora volvamos a las declaraciones de Nicola Magrini, jefe del regulador de medicamentos italiano AIFA, quien dijo que los políticos habían estado bajo presión de suspender la vacuna de AstraZeneca luego de que Francia y Alemania hicieran lo mismo.
"Llegamos al punto de la suspensión porque varios países europeos, incluidos Francia y Alemania, prefirieron interrumpir la vacunación, ponerlo en pausa para llevar a cabo chequeos. La decisión es política", dijo Magrini en entrevista con el diario La Repubblica.
Expertos de salud en Francia y Alemania han acusado a sus gobiernos de utilizar políticamente a la vacuna de AstraZeneca.
Un ministro francés habría dicho a Politico que habían decidido copiar la decisión de Berlín para evitar el "estrés", según apunta el Daily Mail.
En un intento por frenar la ola revolucionaria, la Agencia Europea de Medicamentos insistió en que la tasa de casos de coágulos sanguíneos "en personas vacunadas no parece ser mayor que lo observado en la población general".
Pero una vez desatada la rabia, es difícil matar al perro.
Según AstraZeneca, los casos de coágulos sanguíneos se dieron en 37 personas de 17 millones de vacunados en la Unión Europea y Reino Unido, lo que representa 1 cada 500.000 personas -tasa que no amerita sospechar un vínculo entre la vacuna y la condición-.
“Los políticos están actuando con mucha cautela, pero corren el riesgo de perjudicar los esfuerzos mundiales para vacunar”, explicó Helen Petousis-Harris, experta en seguridad de vacunas de la Universidad de Auckland y exasesora de la Organización Mundial de la Salud sobre seguridad de vacunas, en declaraciones recogidas por Bloomberg. “Hay que tener mucho cuidado porque también está enviando un mensaje de que podría haber algo muy mal con la vacuna cuando, de hecho, es muy poco probable que lo haya.”