Ahí aparece la paradoja para el aficionado. LaLiga vende por separado dos mitades de una misma competición y después los operadores tienen que buscar acuerdos entre ellos para reconstruir el producto completo. No significa necesariamente que un cliente tenga que pagar dos suscripciones, porque Movistar agrupa ambos paquetes dentro de determinadas ofertas, pero sí explica la confusión habitual sobre dónde juega cada equipo, qué plataforma tiene cada partido y qué servicio hace falta contratar para verlo todo. DAZN, además, no pierde sus encuentros al permitir que Movistar los distribuya: sigue emitiéndolos en su propia plataforma porque el nuevo acuerdo con Telefónica es no exclusivo.
Y reconstruir esa LaLiga completa no sale barato. A los aproximadamente 527 millones anuales que Telefónica pagará directamente por el D.1 deberá sumar otros 330 millones por temporada a DAZN para incorporar el D.2. Son alrededor de 857 millones de euros cada campaña, más de 4.285 millones durante el próximo ciclo de cinco años, únicamente para que sus clientes puedan encontrar los diez partidos de Primera dentro de Movistar. Mientras tanto, LaLiga elevará a más de 5.250 millones de euros el valor de los derechos residenciales de Primera y superará los 6.135 millones si se suman Segunda, hostelería, abierto y resúmenes. El modelo multiplica los ingresos del campeonato, pero también consolida una televisión del fútbol cada vez más fragmentada para quien simplemente quiere saber dónde puede ver jugar a su equipo.
El fútbol español se acerca a la Premier, pero Inglaterra sigue jugando otra liga
El nuevo ciclo también confirma hasta dónde creció el valor de la televisión en el fútbol español. El segmento residencial/hogar de Primera División, es decir, el que Telefónica y DAZN explotan para los aficionados que contratan el campeonato desde sus casas, superará los 5.250 millones de euros entre 2027 y 2032, unos 1.050 millones por temporada y un 6% más que en el periodo anterior. Si además se incorporan Segunda División, bares y restaurantes, partidos en abierto, resúmenes y otros paquetes nacionales, el negocio doméstico alcanzará los 6.135 millones, alrededor de 1.227 millones anuales.
Ese crecimiento sitúa al campeonato español entre los contratos televisivos nacionales más valiosos de Europa, aunque conviene no forzar una comparación perfecta porque cada país empaqueta sus derechos de una manera distinta. La Bundesliga, por ejemplo, recibirá unos 1.121 millones de euros anuales entre 2025 y 2029, una cifra que incluye conjuntamente a Primera y Segunda alemana; la Serie A italiana ronda los 900 millones por temporada con sus acuerdos con DAZN y Sky. España, por tanto, se mueve ya por encima del fútbol italiano y en cifras comparables o superiores al negocio alemán cuando se observa el conjunto de derechos domésticos.
Pero hay un techo que sigue muy lejos. La Premier League acordó con Sky Sports, TNT Sports y BBC un paquete nacional de 6.700 millones de libras para cuatro temporadas, unos 1.675 millones de libras por año, y eso sin contar el gigantesco negocio que genera después vendiendo el campeonato en el extranjero. Su peso internacional es justamente la gran diferencia: el torneo inglés concentra cerca del 48% del mercado global de derechos de las cinco grandes ligas europeas, una ventaja que ningún rival continental ha conseguido recortar todavía.
Javier Tebas, presidente de LaLiga, durante un acto en la sede de la patronal. Bajo su gestión, los derechos televisivos se consolidaron como uno de los principales motores económicos del fútbol español.
FOTO: AFP
En España, el cambio viene de más atrás. Hasta 2015 eran los propios clubes quienes negociaban individualmente sus contratos televisivos; desde entonces, la venta se centralizó y la patronal pasó a comercializar el producto de forma conjunta antes de repartir los ingresos según los criterios establecidos por ley. Bajo la presidencia de Tebas, ese modelo fue multiplicando lotes, ventanas y compradores hasta convertir la televisión en una de las principales fuentes de financiación de los equipos. El resultado económico es difícil de discutir: el próximo ciclo marcará un nuevo máximo. La contrapartida está del otro lado de la pantalla, con un producto cada vez más valioso para los operadores, pero también más fragmentado y menos sencillo de entender para el aficionado que solo quiere encender la televisión y ver a su equipo.
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