En ese momento, el conductor ironizó sobre el conocimiento que el presidente estadounidense podía tener de la cuestión y lanzó una frase que rápidamente llamó la atención: “Trump no puede marcar a las Malvinas en un mapa”.
Pero detrás de la chicana había una discusión más profunda: para Rosemblat, no alcanzaba con que Trump hiciera una declaración ambigua para hablar de un cambio histórico en la posición estadounidense.
“Ojalá Milei no venda humo con Malvinas”
Con el tema instalado en la agenda, Rosemblat trasladó buena parte de sus críticas hacia el Gobierno argentino.
Mientras se presentaba las novedades sobre Malvinas como un posible “giro histórico”, el conductor advirtió: “Ojalá Milei no venda humo con Malvinas, con este tema no se jode”.
Su posición no es cuestionar la importancia de Malvinas, sino desconfiar de que la causa sea utilizada como herramienta política sin que existan medidas concretas detrás.
Rosemblat diferencia entre la causa y el dirigente que circunstancialmente la reivindica. Para él, que Milei utilice políticamente Malvinas no invalida la importancia de la causa. Lo que corresponde, según su razonamiento, es mirar qué hace efectivamente el Gobierno.
Milei, Trump y una causa que debería estar por encima de ellos
En su última intervención, Rosemblat profundizó justamente esa diferencia.
Frente a quienes discutían si Milei era sincero o no con su postura sobre Malvinas, planteó que esa no debería ser la discusión principal.
Para explicarlo, recurrió incluso al ejemplo del matrimonio igualitario y sostuvo que una política puede terminar siendo importante por sus consecuencias independientemente de las motivaciones personales de quien la impulsa.
Aplicado a Malvinas, si una medida favorece los intereses argentinos, la discusión sobre si Milei la toma por convicción, conveniencia electoral o estrategia política pasa a un segundo plano.
Por eso fue tajante al definir al Presidente. No lo considera un verdadero “malvinero” y cuestiona que su política sobre las islas pueda estar vinculada a encuestas y asesoramiento político.
Sin embargo, eso no significa que todo lo que haga el Gobierno en relación con Malvinas deba ser rechazado.
El giro en su análisis: “¿Nos acerca a la soberanía? Sí”
Ese es probablemente el punto más interesante de todo el recorrido de Rosemblat.
Después de cuestionar a Milei y desconfiar del alcance de las declaraciones de Trump, terminó reconociendo que el nuevo escenario puede resultar favorable para la posición argentina.
Su conclusión fue contundente: “¿Nos acerca a la soberanía? ¡Sí!”
Rosemblat puede considerar que Milei es oportunista con Malvinas y, al mismo tiempo, sostener que determinadas medidas de su Gobierno pueden beneficiar la posición argentina.
De esta manera, deja de analizar la cuestión exclusivamente desde la lógica de “Milei tiene razón” o “Milei está mintiendo” y la lleva a una discusión geopolítica mucho más amplia.
El problema que excede a Milei y Trump
Para Rosemblat, el punto central es que Milei y Trump son actores circunstanciales frente a una disputa que lleva casi dos siglos.
Por eso, cuando Rosemblat habla de la “Corona Británica”, no está pensando únicamente en el gobierno británico de turno. Su argumento apunta a una estructura de poder que, según su lectura, trasciende a los primeros ministros y que mantiene intereses estratégicos en el Atlántico Sur.
Malvinas no representa solamente un reclamo territorial sobre dos islas, sino que está relacionado con una zona estratégica que incluye el Atlántico Sur y la proyección argentina hacia la Antártida. Para Argentina, recuperar capacidad de influencia sobre ese espacio forma parte de una discusión geopolítica mucho más amplia.
La dimensión territorial también excede a las propias Malvinas. La controversia argentina con el Reino Unido alcanza a las Islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, mientras que la presencia británica en el Atlántico Sur tiene además una importancia estratégica por las rutas marítimas, los recursos naturales y la cercanía con la Antártida.
Ese es el marco desde el cual Rosemblat plantea que el conflicto no debería quedar atrapado en la pelea entre oficialismo y oposición. Trump dejará la Casa Blanca y Milei dejará la Presidencia, pero la disputa de soberanía seguirá existiendo.
Por eso, su planteo es que Argentina debería construir una estrategia que sobreviva a los cambios de gobierno. En lugar de pensar Malvinas como una bandera electoral o como una oportunidad para que un presidente consiga rédito político, propone entenderla como una política de Estado vinculada con la proyección argentina sobre el Atlántico Sur.
En definitiva, la discusión que plantea Rosemblat es más amplia que determinar si Milei es o no “malvinero”: qué estrategia de largo plazo tiene Argentina para recuperar influencia sobre una región donde el Reino Unido mantiene presencia desde hace décadas y qué lugar quiere ocupar el país en el Atlántico Sur.
La coincidencia inesperada con una parte de la estrategia oficial
Ahí aparece la parte más llamativa de sus últimas declaraciones.
Rosemblat no pasó a defender a Milei ni abandonó sus críticas. De hecho, siguió cuestionando la sinceridad del Presidente y su estrategia política.
El conductor de Gelatina es un dirigente identificado con el peronismo y en 2023 fue precandidato a jefe de Gobierno porteño por Unión por la Patria, dentro del espacio de Juan Grabois.
Desde entonces, sus intervenciones públicas estuvieron atravesadas por fuertes críticas al Presidente y a su proyecto político. Rosemblat cuestionó en reiteradas oportunidades las políticas y el rumbo del Gobierno, aunque también ha planteado que la oposición no debería limitarse a esperar que Milei fracase, sino construir una alternativa política propia.
Ese antecedente permite entender mejor su postura actual: cuando cuestiona a Milei por Malvinas, no lo hace desde una posición cercana al Gobierno, sino desde una mirada política abiertamente crítica.
La particularidad de sus últimas declaraciones es que, aun manteniendo ese enfrentamiento, decide separar la evaluación del Presidente de la evaluación de una política de Estado: si una medida puede favorecer el reclamo argentino, sostiene que debe ser reconocida y, sobre todo, exigirse que se concrete.
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