La sensación es que al kirchnerismo -y nadie duda que el presidente Alberto Fernández está más kirchnerista que nunca- las obligaciones propias de gestionar y gobernar (decidir obras, plantear programas) son herramientas utilizadas para pasarle la factura al territorio en donde las obras y programas (si se hacen y no se roban la plata antes) se van a ejecutar. No se ejecutaron aún. Se van a ejecutar.
Primero, el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, habló de que Rosario es “la ciudad de otro signo político que más recibe por parte de este gobierno”.
Muy contradictorios los dichos de 'Kata', tal como lo llamó su amigo Fernández, porque el Presidente mencionó y subrayó que su preocupación, desde que él era jefe de Gabinete de Ministros de la Nación, con Néstor Kirchner -no mencionó que también lo fue de Cristina Fernández de Kirchner-, era cómo nivelar o emparejar a toda la Argentina a causa de los desniveles que hay en su desarrollo, sin discriminar entre ciudades gobernadas por propios y ciudades gobernadas por opositores.
Queda ahora la duda, inevitable, acerca de si Katopodis dijo lo que realmente se opina dentro del gobierno y Alberto Fernández dijo lo que es 'políticamente correcto'. ¿Cuál es la opinión verdadera del Ejecutivo Nacional?
Si Katopodis representara al Gobierno 'de entrecasa' resulta que no ser kirchnerista es un disvalor.
Lo de 'otro signo político' es discutible, ya que para garantizar su gobernabilidad y mantener silenciado al Concejo Deliberante rosarino, el alcalde municipal tejió una alianza con La Cámpora (que en Santa Fe maneja Marcos Cleri) y con el partido chavista Ciudad Futura, filo K toda vez que se referencia a nivel nacional con Juan Grabois.
Algo más, que es importante recordar: los K repiten la fórmula de anunciar obras que no se ejecutan, y lo hacen hasta el cansancio. Es una espada de doble filo. Así fue como anunciaron que tendrían vacunado al país en febrero y estamos en abril con un Presidente afirmando, en Rosario, que su actividad cotidiana consiste, en parte, en llamar a mandatarios de otros países para mendigar las vacunas que no consigue la Argentina.
En esta rutina de anunciar obrar que no se ejecutan, ahora le vuelve a tocar el turno al Acueducto del Gran Rosario. Esperemos que esta sea la vencida.