Serrat expuso su experiencia de haber llegado con el tiempo a la etapa que Pascal Brigner llama el veranillo de la vida. O sea, "ese tiempo de propina en que a menudo el alma suele conversar con sí misma".
Remarcó: "Este es un buen momento para soltar el alma. Soy un hombre agradecido con la vida y acepto el hecho natural de envejecer y los inconvenientes que la naturaleza y el tiempo demoledor me imponen con el paso de los días, con raspones, con abolladuras".
Y añadió: "Aún conservo buena parte de mis ilusiones y convivo con mis achaques, con la ayuda de los fármacos y de las prótesis, las gafas, los audífonos, en fin, esas cosas".
Embed - Joan Manuel Serrat, envejecer con dignidad
No se trata de vivir hasta los 120 años
Human, por su parte, resalta también la importancia de sentirse bien ahora: “Para mí, no se trata de vivir hasta los 120 años", afirmación que pone el foco en que el bienestar inmediato y la longevidad no son objetivos opuestos, sino interdependientes.
“La mayoría de la gente se equivoca al pensar que la enfermedad, la fragilidad y la decrepitud son consecuencias normales del envejecimiento. En realidad no lo son. Son un indicio de enfermedad”, agrega en GQ.
El cantaautor, en cambio, se detiene en la incomodidad que representan los viejos para la sociedad que potencia el gasto y busca beneficios fáciles y rápidos. Se los margina "porque consumen menos, porque tienen menos necesidades". Se los abandona en la soledad, porque "la soledad, dicen, es algo inherente a la vejez y han de acostumbrarse a ella", se lamenta.
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La Organización Mundial de la Salud recomienda que las personas de más de 50 años realicen 150 minutos de actividades de resistencia a la semana.
Ni gadgets sofisticados ni rutinas elaboradas
El presentador del pódcast The Doctor’s Farmacy prefiere hacer hincapié en los cuidados individuales. Descarta que hagan falta gadgets sofisticados ni rutinas elaboradas para vivir más y mejor: la alimentación ultraprocesada, el exceso de azúcar, el sedentarismo y el estrés crónico -resalta- "no solo afectan al presente inmediato, sino que construyen silenciosamente el futuro del cuerpo".
Y lanza la advertencia: “No pensamos en las consecuencias de cómo nos sentimos ahora o cómo nos sentiremos cuando envejezcamos”.
Serrat sostiene sobre el particular que "envejecer es la única manera que hemos encontrado de vivir una larga vida y queremos hacerlo con dignidad".
Porque "vivir más años no significa vivir mejor, pero tampoco vivir arrastras", acota.
"Me gusta sentirme útil"
"Me gusta la vida, me gusta estar vivo y sentirme útil. Por eso me rebelo contra un mundo donde se identifica a los viejos con la falta de capacidad, de talento o de preparación", se queja.
De este modo, finalizó la disertación en la universidad catalana con el siguiente mensaje: "Los viejos somos un colectivo que aún tiene mucho que aportar, que no nos hagan invisibles, que escuchen y respeten nuestras preferencias, que empaticen con nuestros problemas y con nuestras dificultades, que nos tengan en cuenta en sus decisiones".
El enfoque médico le pone condiciones con una simple y contundente metáfora: “Si tienes un caballo de carreras de un millón de dólares, te aseguras de saber cómo entrenarlo, alimentarlo y cuidarlo para que esté totalmente optimizado. No hacemos eso con nuestro cuerpo”.
La contradicción que revela es cotidiana: se dedican recursos, atención y conocimiento a objetos o inversiones externas, mientras se descuida el sistema biológico más complejo.