Comer productos animales (pescado, huevos e hígado) que contienen precursores puede ayudar a compensar el déficit, así como la leche que se comercializa fortificada.
Para los veganos, los champiñones y la levadura son una fuente, un poco menos efectiva. Otra opción es tomar suplementos en píldoras.
Debido a que los tomates son precursores naturales de la vitamina del sol, dos grupos de científicos pensaron que algunos ajustes genéticos podrían convertirlos en una fuente directa del nutriente.
Según informó hoy en Nature Plants un grupo dirigido por Cathie Martin, ingeniera de plantas en el Centro John Innes (Reino Unido), la eliminación de un solo gen creó tomates que podrían proporcionar cada uno el 20% de la cantidad diaria recomendada.
Otra investigación aún no publicada de un equipo dirigido por el genetista de plantas Sunghwa Choe de la Universidad Nacional de Seúl (Corea del Sur), informó que eliminando un gen relacionado se pudo producir tomates con niveles aún más altos de un precursor del nutriente.
Hasta ahora, los tomates modificados se han cultivado solo en invernaderos de laboratorio. Martin comenzará más pruebas el próximo mes y Choe espera comenzar en los próximos meses.
Los experimentos serán cruciales para ver si las plantas pueden prosperar bajo el estrés del mundo real y los investigadores también deberán demostrar que el cuerpo puede absorber la previtamina D3 de los tomates y convertirla en vitamina D.
Otro desafío podría ser la aceptación del consumidor, ya que es posible que algunas personas no quieran consumir tomates modificados genéticamente. Sin embargo, en caso de lanzarse al mercado, podrá ser un paso adelante en la disminución de la dependencia de los alimentos de origen animal.
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