La compra de Topps en 2022 fue el movimiento clave. Con esa operación, Fanatics se quedó con una marca histórica del coleccionismo estadounidense y la usó como plataforma para recuperar terreno en ligas como la NFL, NBA, Champions League y demas, con productos que incluyen parches de camisetas, autógrafos y piezas únicas pensadas para coleccionistas de alto valor.
Por eso la FIFA encaja perfecto en esa estrategia. El Mundial es una de las pocas propiedades deportivas verdaderamente globales y le permite a Fanatics llevar al fútbol un modelo que en Estados Unidos ya funciona con fuerza: cartas premium, ediciones limitadas, memorabilia, eventos y productos que convierten al hincha en comprador recurrente, no solo en alguien que completa un álbum cada cuatro años.
El álbum entra en la era de las cartas premium
El cambio también conecta al Mundial con un mercado que va mucho más allá del fútbol. La empresa de Rubin no solo produce cromos deportivos: su universo de coleccionables incluye entretenimiento, ediciones limitadas y cartas vinculadas a franquicias culturales, un terreno donde conviven productos de deporte, películas, series y fenómenos de consumo masivo.
Ahí está el verdadero salto. El álbum Panini pertenecía al mundo del kiosco, la escuela y el intercambio de figuritas repetidas. Fanatics, en cambio, llega desde una lógica más cercana al mercado de las cartas premium, donde una pieza puede valer por su rareza, por un parche de camiseta, por una firma, por la primera aparición de un jugador o por pertenecer a una edición limitada.
Figurita Fanatics
Una carta rookie de LeBron James exhibida en Fanatics Fest NYC 2025 muestra el peso del negocio premium al que FIFA entrará con Topps desde 2031.
FOTO: DAVE KOTINSKY / GETTY IMAGES NORTH AMERICA / GETTY IMAGES VIA AFP
Ese ecosistema ya es familiar para los coleccionistas de béisbol, Fórmula 1, Pokémon o incluso sagas como El Señor de los Anillos, donde las cartas funcionan como objetos de deseo y no solo como parte de una colección para completar. La FIFA parece mirar hacia ese terreno, uno de menos nostalgia de álbum tradicional y más producto global, escalable y monetizable durante todo el ciclo mundialista.
La pregunta es si ese modelo podrá reemplazar el vínculo emocional que Panini construyó durante décadas. Fanatics puede ofrecer tecnología, escala, eventos y productos más sofisticados, pero el desafío será conservar algo mucho más difícil de comprar: el ritual popular de abrir un sobre y sentir que el Mundial ya empezó.
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