Otro paralelismo es la falta de sustento probatorio. En el caso de Alfonsín, las detenciones se basaron en sospechas de conspiración, pero los cargos fueron desestimados rápidamente por la justicia. En 2025, el amparo judicial carece de solidez constitucional, según analistas, y las acusaciones de Bullrich sobre rusos y venezolanos no han sido respaldadas por evidencia concreta. Esta vaguedad en las acusaciones sugiere que, en ambos momentos, el objetivo principal fue desviar la atención de crisis internas, futuras derrotas electorales y proyectar un enemigo externo común (FALACIA AD HOMINEN) en un contexto de narrativas del vocero Adorni de características macartistas.
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Patricia Bullrich y Javier Milei.
Diferencias: Herramientas y contexto
A pesar de las similitudes, los contextos y las herramientas utilizadas difieren significativamente. En 1985, Alfonsín actuó en un marco de posdictadura, donde la amenaza de un golpe militar era una preocupación legítima. Su decisión, aunque criticada, se enmarcó en un intento de proteger una democracia naciente. Las detenciones, aunque injustificadas, fueron puntuales y de corta duración, y Alfonsín no mantuvo una retórica sostenida contra la prensa.
En contraste, el gobierno de Milei opera en un contexto de polarización extrema y crisis económica, con un estilo político que ha hecho de los ataques a la prensa una constante. Desde su asunción en diciembre de 2023, Milei ha estigmatizado a periodistas, acusándolos de ser “sicarios” o “roñosos”, y ha promovido un discurso de odio que incluye el lema “No odiamos lo suficiente a los periodistas”. El amparo judicial de 2025, combinado con las acusaciones de Bullrich, refleja una estrategia más sofisticada que combina la judicialización con narrativas conspirativas, amplificadas en redes sociales como X. Además, el señalamiento a actores extranjeros como rusos y venezolanos introduce un elemento geopolítico cuanto menos sorprendente-por no decir ridículos- ausente en las instancias de 1985.
Otra diferencia clave es el impacto en los periodistas. En 1985, las detenciones fueron breves y no escalaron a una persecución sostenida. En 2025, los ataques a la prensa incluyen agresiones físicas, como la sufrida por Roberto Navarro, y campañas de desprestigio en redes sociales, como la dirigida contra el periodista Jorge Rial o Julia Mengolini con un video falso generado por IA. Estas acciones, respaldadas por el propio Milei, han creado un clima de hostilidad que trasciende lo institucional y fomenta la violencia.
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Espionaje ruso: Bandera de Servicio Federal de Seguridad o Federálnaya sluzhba bezopásnosti Rossíyskoi Federátsii o FSB (ex KGB).
Implicancias: La Libertad de Expresión en jaque
Ambos episodios plantean preguntas fundamentales sobre los límites del poder estatal en una democracia. En 1985, la reacción de Alfonsín fue vista como un error táctico que contradijo su legado como defensor de los derechos humanos. Sin embargo, su gobierno no institucionalizó la hostilidad hacia la prensa, y el episodio quedó como una excepción en su gestión. En cambio, el gobierno de Milei ha consolidado un patrón de agresiones sistemáticas contra periodistas, con cierres de medios públicos como Télam, restricciones al acceso a la información y un discurso que legitima la violencia. Para algunos “lugartenientes” de Milei como “las cyber fuerzas del cielo” se trata de distintas etapas de la “Batalla Cultural”…. todo pasa por lo bélico.
El amparo judicial de 2025, al prohibir la difusión de audios, recuerda las tácticas de censura indirecta denunciadas por expertos como Ricardo Gil Lavedra, quien advirtió que los ataques de Milei buscan inhibir el discurso crítico. La mención de Bullrich a rusos, venezolanos y kirchneristas como parte de una “operación de desestabilización” evoca las acusaciones de Alfonsín sobre un “clima de perturbación”, pero con un tono más agresivo y conspirativo, alineado con la retórica populista de derecha, muy parecida en su ADN -pero de signo izquierdista- a las sostenidas en su momento por ideólogos extremistas como Ernesto Laclau (el ideólogo de CFK) o Alex Dugin (ideólogo de extrema derecha de Putin) o Agustin Laje para con Milei.
El apoderado de la AFIP, Ricardo Gil Lavedra.
Conclusión: Un Eco del Pasado, una Amenaza al Futuro
Los paralelismos entre 1985 y 2025 son inquietantes: en ambos casos, gobiernos democráticos recurrieron a medidas excepcionales para controlar narrativas críticas, justificándolas como defensa de la estabilidad. Sin embargo, mientras Alfonsín actuó en un contexto de transición democrática con un error puntual, el gobierno de Milei parece haber institucionalizado la hostilidad hacia la prensa como parte de su estrategia política. El amparo judicial de 2025, junto con las acusaciones infundadas de Bullrich, no solo amenaza la libertad de expresión, sino que también socava la confianza en las instituciones democráticas.
En un país con una historia marcada por la censura y la represión, estos episodios son un recordatorio de la fragilidad de los derechos conquistados. La democracia argentina, tanto en 1985 como en 2025, enfrenta el desafío de equilibrar la gobernabilidad con el respeto irrestricto a la libertad de prensa. La pregunta que queda es si el presente aprenderá del pasado o si, como en un eco trágico, la historia seguirá repitiéndose.
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Diego A. Estévez Rezende es economista y también comunicador de experiencia en Argentina y España.
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