Galasso, al remitirse al llamado a elecciones formulado por los militares en retirada, afirma que “en aquel momento existía una declinación del Partido Justicialista y la candidatura es ofrecida a Ítalo Luder, algo realmente inexplicable, porque tenía un perfil que nada tenía que ver con la figura de los ´cabecitas negras´ del 17 de octubre del ´45. Por el contrario, Luder tenía la imagen de un profesor austríaco, ajeno a las masas populares”.
Una lectura atenta de la cita precedente nos insta a hacernos la siguiente pregunta: ¿Acaso Cristina Fernández de Kirchner, a la que tanto reivindica Galasso, tiene el perfil del cabecita negra de 1945? ¿Cómo se pueden escribir semejantes ideas y recibir el beneplácito de la agencia Télam? Esto es lo inexplicable, no la candidatura de Luder que ha sido un constitucionalista de fuste, con una trayectoria honorable y reconocida por todo el abanico democrático nacional. Mal que les pese a los carcamanes revisionistas.
Del gobierno de Alfonsín, Galasso rescata la gestión económica de Bernardo Grinspun, quien terminó siendo un fracaso, luego de pretender pulsear con el FMI y aconsejar al hombre de Chascomús que impulsara la formación de un club de deudores con países tercermundistas, además de imponer precios máximos industriales y devaluar la moneda.
En otro párrafo le adjudica un hijo a Bernardo Neustadt, confundiéndose con Mariano Grondona. Asegura, asimismo, que la figura del periodista peronista Alejandro Olmos fue sustancial en los dos primeros años de Alfonsín. En realidad Don Alejandro fue un francotirador y se batió en soledad denunciando el endeudamiento exterior durante la dictadura.
Otra de sus falsedades dice: “Con respecto a los derechos humanos, Alfonsín espera a ver si las Fuerzas Armadas toman decisiones respecto a los responsables del genocidio, pero al ver que pasan meses y no pasa nada, decide crear la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) e impulsa lo que se llamó el Juicio a las Juntas”.
¡La Conadep fue creada el 15 de diciembre de 1983!
El relato que hace Galasso sobre las sublevaciones carapintadas son, por demás, esquemáticos y se limita a repetir el latiguillo progresista de que Alfonsín cedió a las presiones de los sublevados con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Nada nuevo ni esclarecedor.
Otro punto es el triunfo de Antonio Cafiero, que deteriora políticamente a Alfonsín. Para Galasso, el líder de la Renovación Peronista “era la expresión de un peronismo atildado, de buenas maneras, que expresa una renovación frente al sector que se vincula con Herminio Iglesias, el ala más derechosa y de posiciones más duras con el gobierno”. Olvida o desconoce Galasso que Herminio fue funcional al plan de Enrique Nosiglia, quien lo apoyó con fondos del Ministerio del Interior, para restarle votos a Cafiero en las elecciones del 6 de septiembre de 1987.
La nota tal vez más curiosa la encontramos en el siguiente párrafo: “A esto se va a sumar los acontecimientos de La Tablada, donde hay una represión muy fuerte frente a un levantamiento donde aparece Enrique Gorriarán Merlo como un hombre que proviene del ERP. Hay fusilamientos y cosas que no se han llegado a establecer claramente en la posterior investigación”.
- ¿De qué levantamiento habla Galasso si se trató, a todas luces, de un ataque terrorista a un cuartel militar con un saldo de 45 muertos y más de 100 heridos?
- ¿Acaso la represión ordenada por el Estado de Derecho fue incorrecta?
- ¿Qué sugiere Galasso, que tendrían que haber triunfado los delirantes retazos guevaristas comandados por Enrique Gorriarán Merlo?
El estallido hiperinflacionario que acortó el mandato constitucional de Alfonsín amerita un análisis pormenorizado que salga de los lugares comunes, de la cantinela del golpe de mercado y demás consignas que aligeran el relato ideológico de los hechos y postergan una descripción objetiva de los mismos.
Casi en el final del artículo, Galasso calumnia a Carlos Menem y le adjudica haber perjudicado a los sectores populares liderando una época privatista y de entrega a los grupos económicos. Los amigos kirchneristas de Galasso, ¿acaso no fueron menemistas en los años '90?
Para concluir este repaso por las arbitrariedades a designio de Galasso, digamos que, sin dudas, el título elegido para su artículo es acertado: La otra historia de los 40 años del retorno de la democracia. De suyo, es otra historia, sesgada, facilista, mentirosa, aunque pondera la actitud de CFK –y está muy bien- por el homenaje tributado a Alfonsín en el ocaso de su vida. Sin embargo, el relato oficial destrató al exPresidente, luego de la imposición presupuestaria del derechohumanismo retroactivo. Si fuera honesto, Galasso lo hubiera tenido en cuenta. Honestidad intelectual se llama. Tratándose de un relator fullero, guardó silencio. Hombre grande.
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