Las secuelas de un ataque atroz
El ataque en Hamburgo, que algunos llamaron "el día más oscuro de la historia del tenis", le robó a Seles dos años y medio de su carrera cuando estaba en su cúspide. La tenista padeció estrés postraumático, ansiedad, depresión e insomnio, e incluso demandó a la Federación Alemana de Tenis por falta de seguridad.
Pese a su regreso a las canchas en 1995 y a un nuevo triunfo en el Abierto de Australia de 1996, Seles nunca recuperó plenamente su nivel anterior, pues el miedo y la inseguridad después de haber sufrido aquel ataque la acompañaron durante el resto de su carrera. Finalmente, en 2008, la tenista de 35 años anunció su retiro de las canchas, con 9 títulos de Grand Slam y el sabor amargo de que su carrera quedó interrumpida por la violencia.
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El fanatismo obsesivo de Günter Parche, derivado de la rivalidad de la joven serbia con Steffi Graf, desembocó en la agresión que le puso fin a la carrera de Seles.
Como afirmó la leyenda Martina Navratilova cinco años después de este suceso, Seles podría haber alcanzado una cifra récord de títulos de no ser por la agresión recibida (cuyo autor moriría en 2022 internado en un psiquiátrico). Pero a pesar del ataque y sus secuelas, Monica Seles sigue siendo considerada una de las mejores tenistas de todos los tiempos. Su historia también nos recuerda lo rápido que se puede terminar el éxito y lo importante que es cuidar la salud mental de los deportistas de alto rendimiento.
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