Si bien aparentaba ser una compleja estructura operativa con capacidad de acción y alcance a nivel mundial, en realidad fue compuesta por no mas de 15 jóvenes marxistas y devotos de Lenin que estudiaban en la Universidad de San Francisco, California.
En su bandera figuraba una cobra de 7 cabezas, que según ellos hacía alusión a la "simbiosis universal". Se consideraban a sí mismos cómo “una entidad armónica surgida de entidades y organismos capaces de vivir en profunda y amorosa armonía, así como en compañerismo, en interés de la entidad". Lo cierto es que llevaron muy lejos sus ambiciones y constituyeron un escuadrón de combate guerrillero que amenazó a los Estados Unidos durante 2 años.
Partidarios del "sexo libre" y alejados de la realidad social imperante, tenían la convicción de que el liderazgo debía ser de los paises más postergados, con lo cual era necesario un eventual proceso revolucionario socialista a nivel mundial, punto doctrinal que compartía con otras organizaciones de la época.
Salvo contadas excepciones operaban únicamente en el estado de California, dónde sus delitos más resonantes fueron el asesinato del director de las Escuelas de Oakland, Markus Foster y el secuestro de la nieta de William Randolph Hearst, Patty Hearst.
Éste último hecho equiparó, durante meses, la atención de todos los medios. Sucedió un 4 de febrero de 1974, cuando la organización ingresó a la Universidad de Bekerley y, luego de generar caos, miedo, disparos y corridas, capturó a la joven que se encontraba en su cuarto universitario junto a su novio, que nada pudo hacer para evitar que se la llevaran.
La noticia conmocionó a todo el país. La nieta del gran magnate de los medios, estaba ahora en manos de una organización terrorista. Rápidamente su familia junto a las autoridades y fuerzas policiales correspondientes empezaron con el operativo rescate. Las condiciones para la liberación por parte de los guerrilleros no tardarían en llegar: liberación inmediata de dos integrantes del grupo que estaban presos en la cárcel de San Quintín y 70 dólares para cada persona en situación de indigencia o pobreza en California. Claro, el gasto se lo pedían al padre de la víctima. El total de esa suma, teniendo en cuanta la cantidad de gente necesitada por aquel entonces, ascendía los 350 millones de dólares, algo que al fin y al cabo el hombre en cuestión no terminaría cumpliendo, ya que entregó "únicamente" 2 millones.
Luego de ciertos desencuentros, el llamado Ejercito Simbionés cortó relación con la familia y al poco tiempo trascendió una grabación que dejó anonadados a la sociedad americana: era la voz de Patty que afirmaba su incorporación a la organización como una integrante subversiva más. Con el correr de los días llegaron imágenes aun más impactantes tomadas por una cámara de seguridad: éstas registraron a Patty como partícipe de uno de los robos que la banda llevó adelante al Hibernia Bank de California. Ahora la joven no era considerada víctima, sino delincuente por la Justicia.
No obstante sus días "rebeldes" se terminarían al poco tiempo. Luego de sucesivas operaciones investigación, el FBI logró dar con el paradero de los delincuentes, por lo que arribó a la casa en cuestión y luego de una secuencia de disparos ésta empezó a quemarse, matando a 6 de los integrantes del SLA presentes adentro.
Si bien Patty logró escapar, en 1975, ya con el grupo totalmente disuelto, fue capturada por la policía en condiciones deplorables, tanto física como mentalmente.
Parece ser que la primogénita del magnate fue sometida, según declaró en su propio juicio, a técnicas de tortura psicológica y manipulación mental, hasta que se convirtió en militante de la organización, con el nombre de Tania (en honor a Tamara Bunke la compañera argentina del Che Guevara en la guerrilla boliviana).
Sus abogados alegaron que la joven había sido obligada a unirse a la guerrilla y aseguraron que era víctima del llamado "Síndrome de Estocolmo", acuñado a mediados de los 70 para explicar los irracionales sentimientos de empatía y dependencia que desarrollan los secuestrados hacia sus captores.
En las memorias que publicó en 1981, Hearst explicaba que tras ser secuestrada, la mantuvieron encerrada en un armario durante 57 días, sometiéndola a todo tipo de abusos y a un intenso lavado de cerebro.