Lugares donde aún se pueden encontrar los objetos que todavía emiten radiación
- Museo Curie (antiguo Instituto del Radio), París: Objetos del laboratorio como muebles (escritorios, sillas, pomos), instrumentos científicos, mesa familiar, archivos originales
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Biblioteca Nacional de Francia, París: Cuadernos originales, ropa, libros. Todo guardado en cajas con plomo
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Los laboratorios de Marie y Pierre Curie, París: sala donde se realizaron los experimentos con el mineral de uranio. Fotografía, hacia 1900 |GENTILEZA DW
Todo lo que tocó Marie Curie, aún conserva radiación
Marie Curie y su esposo, Pierre, experimentaban con materiales radiactivos, ya que aún no sabían los daños fatales que los nuevos elementos que descubrieron podrían generar en el cuerpo humano e, incluso, en todo organismo vivo por un plazo de décadas y hasta siglos.
Por la exposición a la radiación, Curie moriría de leucemia a los 66 años de edad, mientras que su marido sería atropellado por un carruaje tirado por caballos.
De hecho, varios historiadores aseguran que Marie solía llevar tubos de radio en sus bolsillos mientras investigaba en el laboratorio. Del mismo modo, usaba un trozo de radio de gran tamaño como lámpara nocturna. Su marido los tomaba con la mano y se los mostraba a quien estuviera interesado en verlos.
En la biografía de Pierre Curie, que escribió de puño y letra la propia Marie, se describió la reacción de su colega Henri Becquerel, un físico francés que contribuyó a hallar el uranio que emite rayos, anonadado de que Pierre expusiera su cuerpo a los rayos.
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El pomo levemente radioactivo del Museo Curie. |GENTILEZA BBC DE LONDRES
"Para comprobar los resultados que acababa de anunciar F. Giesel, Pierre Curie expuso voluntariamente su brazo a la acción del radio durante varias horas. El resultado fue una lesión parecida a una quemadura que se desarrolló progresivamente y necesitó varios meses para curarse", detalló.
"Henri Becquerel sufrió por accidente una quemadura similar al llevar en el bolsillo de su chaleco un tubo de cristal que contenía sal de radio. Vino a contarnos este efecto nefasto del radio, exclamando de un modo a la vez encantado y molesto: 'Lo amo, pero le debo rencor'", cerró Marie Curie, dejando entrever que el científico habría imitado la osadía de Pierre.
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