Entre los argumentos en contra, señalaba que “una terrible pérdida de tiempo” y que casarse lo convertiría en una “abeja castrada”.
Dios mío, es intolerable pensar en pasarse la vida entera, como una abeja castrada, trabajando, trabajando, y nada después de todo (...) no, no lo haré Dios mío, es intolerable pensar en pasarse la vida entera, como una abeja castrada, trabajando, trabajando, y nada después de todo (...) no, no lo haré
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Los pros y contras de casarse, según Charles Darwin | FOTO DEL MANUSCRITO ORIGINAL
“Imagínese vivir todo el día solitario en una casa sucia de Londres“, planteó primero como posible escenario. Pero luego reculó: “Imagínese una esposa agradable y suave en un sofá, con una buena chimenea, y libros y música tal vez”.
Entonces, elaboró de puño y letra dos listas: una con los pros de contraer nupcias y otra con los contras del matrimonio.
Con franqueza, planteó por qué no debería casarse, enumerando entre los motivos la pérdida de libertad que conlleva el matrimonio, los gastos asociados a los futuros hijos, y la posibilidad de sufrir más ansiedad... e incluso engordar.
En ese sentido, la lista titulada "No casarse" incluye:
- Libertad para ir a donde uno quiera. "Nunca sabría francés ni vería el continente ni iría a América ni volaría en globo ni haría un viaje solitario a Gales, pobre esclavo", escribió.
- Elegir si socializar y poder hacerlo poco.
- Conversación de hombres inteligentes en clubes.
- No estar obligado a visitar a familiares y a doblegarse por cada nimiedad.
- Evitar los gastos y la ansiedad de los niños (quizás peleas).
- Pérdida de tiempo.
- No poder leer por las tardes.
- Gordura y ociosidad.
- Ansiedad y responsabilidad.
- Menos dinero para libros, etc.
- Si se tienen muchos hijos, se obliga a ganarse el pan (es muy malo para la salud trabajar demasiado).
- Quizás a mi esposa no le guste Londres; entonces la sentencia es el destierro y la degradación a ser un tonto indolente y ocioso.
En cuanto a la lista de pros de la vida conyugal, bajo el título de "Cásate QED" (abreviación de Quod erat demonstrandum, una locución latina que significa "lo que se quería demostrar"):
- Niños (si Dios quiere).
- Compañera constante (y amiga en la vejez) que se interesará en uno.
- Objeto para ser amado y con quien jugar (mejor que un perro de todos modos).
- Hogar y alguien que cuide la casa.
- Los encantos de la música y la charla femenina.
- "No te preocupes, confía en el azar. Hay muchos esclavos felices".
Anímate. No se puede vivir esta vida solitaria, con una vejez aturdida, sin amigos, con frío y sin hijos Anímate. No se puede vivir esta vida solitaria, con una vejez aturdida, sin amigos, con frío y sin hijos
Sin embargo, Darwin, de 29 años, finalmente optó en noviembre contraer nupcias con su prima Emma Wedgwood y bautizó aquel día en el que le propuso matrimonio como "el día de los días". Seis meses después se casaron y en su largo matrimonio de 43 años tuvieron 10 hijos.
Durante esos 43 años, Emma pasaba en limpio los escritos de su esposo y, con su habilidad con los idiomas, le traducía e informaba sobre avances científicos. Además, lo cuidó en la salud y en la enfermedad, ya que el naturalista había contraído el mal de Chagas durante su viaje por el mundo y padecía dos enfermedades autoinmunes (enfermedad de Crohn y lupus), por lo que su vida diaria transcurría entre libros y un insoportable malestar físico.
Su bondad llena de comprensión hacia mí fue inalterable (...) Me admira el haber tenido la inmensa suerte de que ella aceptase ser mi mujer... fue para mí un sabio consejero y un consuelo alegre (DARWIN SOBRE SU ESPOSA) Su bondad llena de comprensión hacia mí fue inalterable (...) Me admira el haber tenido la inmensa suerte de que ella aceptase ser mi mujer... fue para mí un sabio consejero y un consuelo alegre (DARWIN SOBRE SU ESPOSA)
"Su bondad llena de comprensión hacia mí fue inalterable, y soportaba con la mayor paciencia mis eternas quejas sobre el malestar y las incomodidades… Me admira el haber tenido la inmensa suerte de que ella, una persona que por sus cualidades morales era infinitamente superior a mí, aceptase ser mi mujer. Durante mi vida, que sin ella hubiera sido en muchas épocas desgraciada y quejumbrosa por las enfermedades, fue para mí un sabio consejero y un consuelo alegre", escribió Charles Darwin (en 1860) sobre su fiel esposa, cuando llevaban 21 años de casados.
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