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Arabia Saudita, sunita y abierta al Occidente, e Irán, chiita y fundamentalista, estarían restaurando sus relaciones carnales desde la ofensiva que disparó al corazón del programa nuclear persa, y luego de que, años atrás, Riad se acercara a Israel.
Arabia Saudita prefiere a Irán antes que arodillarse a Israel
Desde aquel 7 de octubre de 2023, que encendió un nuevo fuego cruzado en Medio Oriente, el gobierno de Arabia Saudita se ha replegado hacia su comunidad árabe y ha reafirmado la necesidad de la existencia de un Estado palestino con sede en Gaza, tomando distancia nuevamente de Israel, con cuya dinastía alguna vez había coqueteado.
En ese sentido, el realineamiento de Riad con sus antiguos archirrivales chiitas como Irán, ha comenzado a incrementarse aún más tras la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra el programa nuclear persa.
La Operación Martillo de Medianoche, liderada por Washington, y la Operación León Ascendente, ejecutada por Tel Aviv, bombardearon unas 73 instalaciones nucleares y cuarteles militares en territorio iraní, además de atacar directamente a científicos atómicos y altos mandos del régimen del ayatolá
Este asediolha llevado a la dinastía saudí a reflexionar sobre las posibles consecuencias si, en algún momento, la Casa Blanca o el Knéset israelí llegaran a acusarlos —como han hecho con Irán— de estar enriqueciendo uranio con fines militares.
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Consecuencias del ataque con misiles israelíes contra un estudio de la televisión estatal iraní en Teherán el 16 de junio. Arabia Saudita condenó los ataques israelíes | GENTILEZA AP NEWS
Además, los ataques estadounidenses e israelíes en el sur del Líbano, así como los lanzados contra distintos focos en Siria —antes del advenimiento del nuevo poder en Damasco— han llevado a Riad a considerar que su propio territorio podría convertirse en un blanco fácil.
Temen, por cierto, que la comunidad internacional decida mirar hacia otro lado ante una eventual violación del Derecho Internacional Penal y de los tratados internacionales, como lo han venido haciendo con los excesos de Washington y Tel Aviv.
A pesar de que Arabia Saudita esté reculando, los gobiernos de Donald Trump y Benjamin Netanyahu siguen con oídos sordos y continúan considerando a Riad como un aliado estratégico en medio de la creciente hostilidad en el Golfo Pérsico, donde los hutíes, Hezbolá y Hamás —todos proxies de Irán y quienes realizan atentados terroristas— permanecen al acecho.
Netanyahu habla de reactivar la normalización con el reino, pero Riad ve al Estado como una fuerza cada vez más desestabilizadora (Financial Times) Netanyahu habla de reactivar la normalización con el reino, pero Riad ve al Estado como una fuerza cada vez más desestabilizadora (Financial Times)
En ese sentido, el gobierno estadounidense y el israelí no estarían teniendo en cuenta que los planes del reino saudí cambiaron fuertemente el 7/10/23, cuando el príncipe heredero Mohammed bin Salman condenó la ofensiva israelí en Gaza —pero no así al atentado de Hamás sobre el suelo israelí— y reactivó extraoficialmente la reconciliación con Irán, su rival histórico.
“Los países del Golfo mantendrán su acercamiento a Irán. Es una política inteligente con su mayor vecino del otro lado del Golfo”, declaró al Financial Times una persona familiarizada con la postura del gobierno saudí. “Pero esto reduce la probabilidad de normalización con Israel y fortalece a Arabia Saudí para lograr sus objetivos en el caso palestino”, agregó.
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