ver más

Cómo frenar un ataque de pánico: técnica del agua fría

Aprende una técnica sencilla y muy útil para controlar un ataque de pánico al instante.

Un ataque de pánico es un episodio de miedo que empieza sin advertencia, es decir, puede aparecer en cualquier momento, bien sea que estés dormido o en una reunión de trabajo, y es tanto el daño que puede causar a una persona, que incluso puede llegar a sentir que va a morir.

Esto puede generar mucha preocupación y desmejorar la calidad de vida de quienes lo padecen, sobre todo, de manera constante. De hecho, si son recurrentes podría tratarse de una afección llamada “trastorno de pánico”. Pero, ¿Cómo reconocer un ataque y qué hacer?

 

Señales de un ataque de pánico

Algunos de los síntomas que suelen presentarse en un ataque de pánico son:

  • Taquicardia o corazón acelerado
  • Sudoración
  • Temblores 
  • Sensación de que falta el aire
  • Opresión en la garganta
  • Escalofríos y hormigueo
  • Sofocos y náuseas
  • Dolor en el pecho
  • Dolor de estómago
  • Calambres abdominales
  • Dolor de cabeza
  • Sentimientos de irrealidad o desconexión

 

¿Cómo detener un ataque de pánico?

Como ya vimos, uno de los síntomas más comunes en un ataque de pánico es la aceleración de los latidos del corazón y una buena manera para descender la frecuencia cardíaca es, simplemente, metiendo la cara en agua fría, si es helada mejor.

Según el sitio especializado TICBeat, la frecuencia cardíaca de una persona disminuye entre 10 y 25 por ciento luego que la cara entra en contacto con el agua fría. Ocurre lo mismo con la presión arterial.

 

La técnica del agua fría

Kalley Spina Horan, de Psychology Today ( y fundadora de True North Mental Health Counseling PLLC en Briarcliff Manor, Nueva York) explica cómo llevar adelante esta técnica, aunque advierte que si usted tiene alguna condición médica, alérgica, cardíaca o de presión arterial preexistente, es necesario que primero consulte a su médico.

Ahora bien, necesitará un recipiente con agua fría (entre 55 o 65 grados Fahrenheit) o hielo. Tenga en cuenta que la temperatura del agua no debe bajar los 50 grados Fahrenheit, puesto que podría experimentar dolor facial.

Luego, sumerja su rostro en el agua fría durante 10 o 20 segundos, saque la cara del agua, respire y repita el proceso al menos tres veces.

“Los efectos inmediatos de ‘inclinar’ la temperatura incluyen la activación del sistema nervioso parasimpático, la rama de nuestro sistema nervioso autónomo responsable del descanso y la relajación, y una disminución repentina y sustancial de la frecuencia cardíaca”, explica Spina.

En caso de que esté en la calle –recomienda la especialista- es útil cargar siempre consigo una compresa fría instantánea y colocarla en sus senos nasales mientras contiene la respiración. 
 

Más Leídas

Seguí Leyendo