Tasas en niveles récord, dólar al alza y un carry agotado
El Gobierno podría intentar subir aún más las tasas para convencer a los inversores de quedarse en pesos. Sin embargo, la efectividad de esa herramienta está bajo presión. La tasa de un plazo fijo en términos reales ya es la más alta en décadas y aun así no logra sostener la calma.
El carry trade perdió atractivo frente a la expectativa devaluatoria. El carry trade perdió atractivo frente a la expectativa devaluatoria.
Los analistas advierten que la suba de tasas ya no funciona como ancla de expectativas. La inflación implícita en los bonos CER se ubica por encima del 25% anual, lo que refleja que el mercado descuenta un rebrote de precios si el dólar cruza el techo de la banda.
Futuros que adelantan tensión
El BCRA cerró la semana con una posición vendida en futuros de US$ 5.800 millones. El sistema le permite extender esa apuesta hasta US$ 9.000 millones, pero el margen es finito. Cada vez que la autoridad monetaria aumenta su exposición, los inversores interpretan que el escenario es insostenible.
Los contratos en Rofex ya se operan por encima de los valores de la banda para los meses posteriores a noviembre.
El mercado descuenta que el esquema actual no puede sobrevivir mucho tiempo más.
Riesgo país en zona de alarma
El riesgo país volvió a trepar y superó los 1.000 puntos básicos. Ese nivel no es solo un dato psicológico, también marca el cierre casi total del acceso al financiamiento internacional. Los bonos argentinos en Nueva York se derrumbaron hasta 7% y los rendimientos superaron el 19% en algunos tramos.
La Argentina vuelve a moverse en parámetros de crisis, donde el financiamiento voluntario es inexistente y la confianza se evapora. La Argentina vuelve a moverse en parámetros de crisis, donde el financiamiento voluntario es inexistente y la confianza se evapora.
El dilema de los vencimientos
El Tesoro enfrenta un cronograma desafiante. Entre septiembre y octubre vencen $17,1 billones, de los cuales $5,9 billones están en manos privadas. El rollover depende de que el Gobierno logre convencer a los inversores. La alternativa es endurecer encajes bancarios para forzar demanda de deuda, aunque esa jugada impactaría en el crédito privado y profundizaría la recesión.
La capacidad de refinanciar vencimientos será observada con lupa. Un tropiezo en alguna licitación encendería todas las alarmas y podría acelerar la presión sobre el dólar.
Siete semanas bajo fuego
La cuenta regresiva es clara. Restan siete semanas hasta las elecciones de octubre y cada jornada será una prueba de resistencia. El mercado vigilará si el BCRA defiende el techo de la banda, si el Tesoro logra renovar sus vencimientos y si las tasas alcanzan para sostener el apetito por pesos.
El riesgo es que cualquiera de estos frentes falle y desencadene un efecto dominó. Una corrida cambiaria, un default doméstico o una pérdida de control inflacionario son escenarios que la City ya no descarta.
La incógnita central
La frase que circula en las mesas de dinero es contundente. El problema no es si el BCRA tiene poder de fuego, sino si el Gobierno está dispuesto a usarlo. Defender la banda implica arriesgar reservas exiguas y tensar la relación con el FMI.
Abandonarla abriría la puerta a una nueva devaluación y a un rebrote inflacionario que podría dinamitar lo que queda de la estabilidad nominal. Abandonarla abriría la puerta a una nueva devaluación y a un rebrote inflacionario que podría dinamitar lo que queda de la estabilidad nominal.
En ambos casos, la política económica quedaría herida de muerte. Y la derrota electoral en Buenos Aires dejó en claro que el oficialismo ya no tiene margen para cometer errores.
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