El mercado en modo pánico
En los hechos, el endurecimiento monetario del equipo económico logró contener el dólar oficial, pero a costa de un fuerte encarecimiento del crédito y un congelamiento del circulante. Con los encajes al máximo histórico, los bancos prácticamente no tienen margen para expandir préstamos y las pymes quedaron atrapadas entre la iliquidez y las tasas usurarias.
La estrategia, impulsada por el ministro Luis Caputo y el presidente del BCRA, Santiago Bausili, busca frenar la dolarización preelectoral y reforzar las reservas netas, pero empieza a mostrar costos crecientes sobre la economía real. Los economistas de la City advierten que si el drenaje de pesos continúa, podría derivar en un quiebre en la cadena de pagos en las próximas semanas.
Empresas al límite
El financiamiento corporativo se transformó en un lujo. Las grandes compañías apelan a bonos dólar linked o líneas externas para esquivar la asfixia local, mientras las pymes deben refinanciar cheques con tasas superiores al 150%. Los bancos, por su parte, prefieren colocar excedentes en Lecaps y cauciones, en lugar de asumir riesgo crediticio.
“Hoy una pyme paga más de 12% mensual efectivo. Es inviable. El crédito productivo está muerto”, confió un operador de mesa. En paralelo, los volúmenes de caución alcanzaron los 3 billones de pesos diarios, una cifra récord que refleja el nerviosismo del mercado y la preferencia por operaciones ultra cortas.
Un cóctel de alta tensión
En la City coinciden en que el cóctel actual —encajes máximos, tasa real explosiva y dólar contenido artificialmente— es insostenible por mucho tiempo. El temor es que, tras las elecciones, el tipo de cambio vuelva a moverse con fuerza y las tasas no alcancen para frenar la corrida.
“El Gobierno eligió el ancla nominal a cualquier precio. Pero el costo financiero es insoportable”, advirtió un economista de una ALyC local. En ese marco, el mercado descuenta que el BCRA podría verse obligado a flexibilizar los encajes o a bajar la tasa de referencia para evitar una parálisis total.
Señales que inquietan
El diferencial entre las tasas de colocación en pesos y la inflación anualizada marca un nivel de represión monetaria pocas veces visto. Con una TAMAR al 54% y una inflación del 28%, la tasa real supera el 20% mensual, algo incompatible con cualquier esquema de crédito o inversión.
En el mercado mayorista, la tensión también se percibe. La liquidez diaria se evaporó y las entidades financieras ajustan posiciones con operaciones a un día. El plazo promedio de las cauciones cayó a mínimos y prácticamente no hay interés en colocaciones a más de 48 horas.
Mientras tanto, la demanda de dólares financieros repunta, reflejando el temor a que el ajuste monetario se transforme en recesión profunda. El contado con liquidación se mantiene en torno a los $1.445 y el blue supera los $1.470, evidenciando que el drenaje de pesos no alcanza para revertir la desconfianza.
Perspectiva
En este escenario, los analistas anticipan que el BCRA enfrenta un dilema clásico. Si mantiene la “cantidad de dinero fija”, la economía podría ingresar en un enfriamiento abrupto. Pero si relaja los encajes o interviene con mayor liquidez, el riesgo es que la presión cambiaria se dispare nuevamente.
Por ahora, el mercado solo observa un dato: la tasa efectiva supera el 200% para muchas empresas, y el financiamiento se transformó en un bien escaso. El “plan” de anclar precios con tasas estratosféricas parece funcionar en el corto plazo, pero deja una advertencia clara. Como resumió un operador en la City: “Podés secar la plaza, pero no podés congelar la economía”.
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