El entorno actual ha devuelto relevancia a un activo que durante gran parte de la última década ofreció rendimientos escasos.
Aun así, el año no estuvo libre de sobresaltos. Las caídas puntuales en los precios de los bonos del Tesoro a principios de año reavivaron el temor de que el elevado déficit federal pudiera forzar al mercado a exigir intereses más altos para absorber la emisión récord de deuda pública.
Pero la posterior caída generalizada de las tasas —alimentada por los recortes de la Fed y por datos económicos más débiles— calmó esas alarmas, fortaleciendo a los bonos emitidos cuando los tipos eran más altos.
La rentabilidad del bono del Tesoro a 10 años, barómetro clave para los mercados globales, ha retrocedido alrededor de medio punto porcentual en lo que va del año, hasta el 4,15%. El descenso refleja la expectativa de que la Fed podría volver a actuar si el mercado laboral continúa enfriándose.
El objetivo de Trump de bajar las tasas de interés
A este impulso se suma un factor adicional, que es la influencia directa de la administración Trump en los mercados. La Casa Blanca intervino en momentos de turbulencia, e incluso suspendió la mayor parte de sus aranceles recíprocos en abril, un gesto interpretado como una maniobra para aliviar tensiones y evitar que las tasas largas subieran demasiado.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, declaró que mantener bajos los rendimientos es una prioridad, dado que estos determinan los costos de endeudamiento de hogares y empresas.
Sin embargo, persisten riesgos claros. Dentro de la Fed, las posiciones están divididas y la probabilidad de un nuevo recorte en diciembre ha caído a menos del 50%, según los mercados de futuros.
Algunos analistas alertan sobre un posible sobrecalentamiento del mercado crediticio corporativo: los diferenciales entre bonos de grado de inversión y Treasuries se han comprimido a niveles que no se veían desde finales de los años noventa, lo que podría estar infravalorando riesgos.
Otros expertos advierten que el elevado déficit estadounidense —US$ 1,8 billones en 2025— seguirá siendo una amenaza estructural para la estabilidad del mercado. Aun así, muchos gestores creen que la bonanza de los bonos aún no ha terminado y que los próximos datos económicos podrían empujar a la Fed a recortar más.
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