Esos recursos pueden ser destinados a la compra de maquinaria y bienes de capital nuevos, obras civiles destinadas a la producción, inversiones en eficiencia energética y energía renovable, tecnología para el agro e incluso animales para reproducción.
El objetivo central del proyecto es movilizar inversiones de capital en sectores que han registrado complicaciones en los últimos años. De alguna manera, es un intento oficial para poder emular para las PyME, principales empleadoras del país, parte de los beneficios fiscales que el Gobierno diseñó originalmente para las grandes empresas del sector primario con el famoso RIGI.
Complicado el panorama PyME.
Todavía no está consolidado
Cabe destacar que el RIMI fue reglamentado en abril del 2026. Con pocas semanas de vigencia, aún no existen datos concretos sobre adhesión efectiva al programa, que se espera tenga impacto tangible de cara a fines de este año.
Según planteos de CAME, los montos mínimos de inversión para el acceso a los beneficios podrían ser una barrera importante para que las pequeñas y medianas empresas se vean interesadas en avanzar con el programa. Desde otros sectores, más críticos con el Gobierno, aseguraron que el RIMI no sería la respuesta adecuada a la realidad PyME, más asociada a los cierres y suspensiones por la caída sostenida en la actividad.
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