En términos de composición, los precios regulados subieron 2,6%, los estacionales 2,8% y el IPC núcleo 2,2%, señal de que la inercia inflacionaria sigue presente aun sin shocks puntuales. En la comparación interanual, el 31,3% muestra una baja contundente frente a los registros de 2024, pero todavía elevada para una economía que busca estabilizar expectativas.
Además, el impacto no fue homogéneo entre regiones. Patagonia volvió a exhibir los mayores aumentos, especialmente en vivienda y energía, mientras que el GBA mostró variaciones más alineadas con el promedio nacional.
Salarios al alza, pero con brechas cada vez más visibles
Del lado de los ingresos, el índice general de salarios subió 2,5% en octubre, levemente por encima de la inflación del mes. Sin embargo, la mejora se explica casi exclusivamente por el sector privado no registrado, que avanzó 4,2% mensual y acumula un 113,2% interanual, muy por encima del resto de la economía.
El sector privado registrado, en cambio, aumentó apenas 2,1% en el mes, con una suba 30,5% interanual, prácticamente empatada con la inflación. El sector privado registrado, en cambio, aumentó apenas 2,1% en el mes, con una suba 30,5% interanual, prácticamente empatada con la inflación.
El sector público mostró un desempeño aún más débil, con 1,9% mensual y 31,9% interanual, reflejando la política de contención salarial que sigue vigente en el Estado.
La conclusión es clara el promedio esconde una fuerte dispersión. Mientras los trabajadores informales recuperan terreno en términos nominales, los asalariados formales y el sector público siguen corriendo desde atrás.
La comparación clave quién gana en 2025
Si se mira el acumulado del año, el salario total sube 33,7% frente a una inflación de 24,8%. En términos agregados, hay una mejora real cercana a 7 puntos porcentuales. No obstante, ese resultado vuelve a concentrarse en el segmento informal, mientras que el salario registrado acumula 22,9%, por debajo del IPC.
En otras palabras, la recuperación del salario real no es generalizada. En otras palabras, la recuperación del salario real no es generalizada.
Para una porción relevante de los trabajadores, especialmente empleados públicos y privados formales, el alivio sigue siendo limitado y dependiente de paritarias que corren con rezago.
Una señal ambigua para el consumo
Este escenario explica por qué el consumo muestra señales mixtas. La desaceleración inflacionaria ayuda, pero la falta de una recomposición sólida del salario formal restringe una recuperación más robusta de la demanda. Los sectores vinculados a servicios, transporte y vivienda continúan absorbiendo una porción elevada del ingreso disponible.
A su vez, la mejora relativa de los ingresos informales plantea un desafío adicional, consolida una dinámica donde la recuperación se apoya en segmentos de mayor precariedad laboral, sin traducirse necesariamente en mayor estabilidad macro.
Los datos de octubre dejan una conclusión incómoda pero necesaria. La inflación bajó, sí. Los salarios suben, también.
Pero la distancia entre ambos no alcanza para hablar de una recuperación pareja del poder adquisitivo. Pero la distancia entre ambos no alcanza para hablar de una recuperación pareja del poder adquisitivo.
Mientras no se consolide una mejora sostenida del salario registrado y del ingreso público, la macro seguirá mostrando números más prolijos que la micro. Y esa brecha, en Argentina, suele ser el verdadero termómetro social y económico.
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