Experimento Argentina: otra prueba más de la mentira del efecto derrame
La economía argentina da señales contrapuestas. El mercado necesita una mano visible que acomode los tantos.
19 de marzo de 2026 - 22:59
La economía argentina atraviesa un momento que desconcierta tanto a analistas como a inversores. Mientras algunos indicadores muestran recuperación y estabilidad, otros reflejan un deterioro persistente en variables clave como el empleo, el consumo y la calidad del crédito. Esta dualidad configura lo que cada vez más economistas describen como una “economía dual”.
Por un lado, los datos agregados muestran señales positivas. La actividad económica exhibe crecimiento interanual y sectores como el agro, la energía o la intermediación financiera traccionan el nivel general. Incluso, en términos históricos recientes, el país logró estabilizar algunas variables macro tras años de alta volatilidad, con menor inflación y cierto crecimiento económico.
Del otro lado aparece la “economía real”, donde los datos cuentan otra historia. El mercado laboral es uno de los principales focos de preocupación. A pesar del crecimiento de la actividad, el empleo formal no acompaña. El empleo cayó y en contraposición subió el trabajo informal. Un cálculo de la consultora Equilibra refleja que en 2025, a pesar del crecimiento del PBI, de 5%, cayó el empleo formal y creció el informal.
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IMAGEN ORIGINAL DE MALA CALIDAD. Desacople entre ocupación y nivel de actividad. Fuente: Lorenzo Sigaut Gravina, director de Equilibra.
Al mismo tiempo, incluso dentro de las personas consideradas ocupadas, o empleadas, hay muchos que están subocupados o que buscan una segunda fuente de empleo para completar su salario. El economista Martín Barrionuevo publicó en sus redes que hay alrededor de 7.190.000 personas buscando trabajo, sea tiempo completo o alguna forma de segundo empleo, son casi un millón más que en el último trimestre del 2023.
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Evolución de desocupados y demandantes de empleo, desde el cuarto trimestre del 2023 al cuatro trimestre de 2025. Fuente: Martín Barrionuevo, en X.
Precarización laboral
Dentro de los trabajos informales que crecieron en los últimos años, es notorio el aumento de choferes de aplicación. Muchas personas que perdieron su trabajo o no llegaban a cubrir sus gastos con un empleo, se volcaron al traslado de personas (empleo refugio). Esto generó que el precio que hoy se cobra por cada viaje disminuyese, lo cual se vio reflejado en que ya no ingresen nuevos conductores a las aplicaciones porque no rinde. Según dijo el economista Federico Pastrana, director de CP, en La Voz:
Las plataformas digitales ya saturaron su capacidad de absorción laboral. [...] Hoy las aplicaciones tienen más descuentos porque hay más conductores. El salario reserva, lo que cobrás por estar en el empleo refugio, es menor que antes. Las plataformas digitales ya saturaron su capacidad de absorción laboral. [...] Hoy las aplicaciones tienen más descuentos porque hay más conductores. El salario reserva, lo que cobrás por estar en el empleo refugio, es menor que antes.
La gravedad de la situación en el mercado laboral tiene consecuencias directas sobre el consumo. Con salarios reales que no logran ganarle a la inflación y mayor inestabilidad laboral, los hogares reducen gastos y priorizan bienes esenciales.
Este problema va de la mano con otro del que se habló mucho esta semana, la tasa de morosidad en entidades financieras y no financieras. El aumento del crédito en los últimos meses en conjunto con la caída del poder adquisitivo derivaron en mayores niveles de incumplimiento, especialmente en familias, lo que refleja el límite de la capacidad de pago en un contexto de ingresos ajustados.
La industria manufacturera y el comercio también muestran señales de fragilidad. Se trata de sectores intensivos en empleo que no logran despegar con la misma fuerza que otros rubros más dinámicos, lo que profundiza la brecha dentro del propio entramado productivo.
La economía argentina presenta una paradoja cada vez más evidente. Los indicadores macro están en verde, pero no alcanzan para generar una mejora generalizada en el bienestar. El crecimiento existe, pero es desigual; la estabilidad avanza, pero convive con tensiones sociales.
El hecho de que los sectores que crecen sean los capital-intensivo y la economía real no esté viendo un efecto positivo, demuestra una vez más que el “efecto derrame” sin una mano visible que acomode, no existe.