En el plano monetario, hay mayor consenso. La mayoría de los analistas considera que el BCE logró encauzar la inflación y que esta convergerá hacia su objetivo del 2% en el mediano plazo. Tres de cada cuatro economistas prevén que la tasa de depósito se mantenga en el 2% hasta fines de 2026, con un eventual ajuste al alza recién en 2027.
Mirando más adelante, el crecimiento europeo dependerá menos de la política monetaria y más de la ejecución fiscal, la confianza de hogares y empresas, y el avance de reformas estructurales largamente postergadas. A esto se suman riesgos financieros globales, como una posible corrección brusca en los mercados tecnológicos estadounidenses, que podría contagiar a Europa vía mayores costos de financiamiento, según publicó el mismo medio.
Europa y el peso de Ucrania
Aun así, algunos escenarios más favorables no están descartados. Un eventual alto el fuego duradero en Ucrania podría reducir la incertidumbre geopolítica, abaratar los precios de la energía y mejorar el clima de inversión. Combinado con estímulos fiscales y una caída del elevado ahorro de los hogares, este contexto podría sentar las bases de un “círculo virtuoso” y reavivar la narrativa de un renacimiento europeo.
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