El drama del consumo
Esta dinámica convive con datos oficiales favorables al crecimiento de la economía. El último informe de avance de la actividad, referente al cuarto trimestre del 2025, plantea que el consumo privado creció 4,1% interanual.
La situación muestra que mientras los que tienen salarios más bajos dejan de consumir o se endeudan para hacerlo, quienes tienen salarios más altos mantienen los consumos y ahorran para consumir en viajes en el exterior, o directamente compran en plataformas que importan los bienes.
La foto plantea una economía dividida y con pocas posibilidades de derrame hacia diferentes sectores.
Por un lado, sectores vinculados a exportaciones o bienes durables muestran cierta vitalidad; por otro, el consumo cotidiano —alimentos, productos básicos— permanece deprimido. Según diversos análisis, incluso dentro de los hogares se observa una fragmentación entre los sectores de mayores ingresos, que logran sostener su consumo, y los más vulnerables, que ajustan de manera drástica.
A esto se suma el factor endeudamiento. Cerca del 60% de la población tiene algún tipo de deuda, y la morosidad alcanzó niveles récord, especialmente en créditos de bajo monto. En muchos casos, el consumo no desaparece, sino que se financia a costa de un deterioro financiero que compromete el futuro.
El problema es que con la caída del salario real y el aumento de gastos en servicios que ajustan todos los meses, cada vez se hace más difícil cubrir cuotas que, al momento de tomar el crédito, se creían pagables.
El actual esquema económico logró ciertos avances en variables como la inflación o el equilibrio fiscal, pero al costo de comprimir ingresos y enfriar la demanda interna. En ese contexto, esperar que el consumo lidere la recuperación parece, al menos por ahora, una apuesta demasiado optimista.
Entre el salario y el descontento
Los analistas advierten que sin recomposición del ingreso real y sin crédito accesible, la reactivación seguirá siendo parcial. Más que un problema estadístico, el freno del consumo expone el límite político y económico de cualquier programa que no logre, tarde o temprano, mejorar la vida cotidiana de la mayoría.
A la par de esta realidad, diferentes encuestas muestran la caída en la imagen del gobierno. El caso Adorni golpeó a la Casa Rosada por los presuntos hechos ilícitos pero peor aún, por la falta de explicaciones y la actitud del funcionario a la hora de hablar con la prensa. La consultora Opina Argentina dictaminó:
Durante abril se acelera el proceso de deterioro del Gobierno ante la opinión pública iniciada en enero. Los indicadores del oficialismo no sólo caen, sino que lo hacen de una manera muy pronunciada. Durante abril se acelera el proceso de deterioro del Gobierno ante la opinión pública iniciada en enero. Los indicadores del oficialismo no sólo caen, sino que lo hacen de una manera muy pronunciada.
La consultora también advirtió que las expectativas a futuro, que marcan la paciencia social, fueron peores. "En diciembre, el 46% creía que Argentina estaría mejor dentro de un año; en abril, ese registro es del 29%". Mientras que el 57% cree que el país estará peor.
Estos datos son de particular importancia, ya que en las últimas semanas se empezó a ver un mayor descontento social a través de encuestas y en medios de comunicación. La situación económica, la menor frecuencia de transporte público que hubo esta semana y las compras inmobiliarias no explicadas por Manuel Adorni, le pusieron nafta a un malestar social, que hasta ahora estaba contenido.
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