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Los kioscos fueron los comercios de cercanía más golpeados, con una caída del consumo del 4,4% mensual.
También los autoservicios independientes y el canal mayorista presentaron números en rojo, con descensos del 2,2% y 0,9% respectivamente. En contraposición, los canales modernos mostraron signos de resistencia: el comercio electrónico creció un 5,2% mensual y las cadenas de supermercados avanzaron un 2,2%, consolidando una tendencia que se viene afirmando en los últimos meses.
Comportamiento desigual en el consumo masivo
Las cifras revelan también un comportamiento dispar entre distintas categorías de productos. Entre las canastas con mejor desempeño interanual se destacaron los perecederos (+9,8%), los productos impulsivos (+9,6%) y los alimentos en general (+6,2%). Estas subas indican que, pese a la presión inflacionaria, algunos rubros básicos mantienen su nivel de consumo.
En cambio, cosmética e higiene registraron una baja interanual del 3,1%, mientras que las bebidas alcohólicas cayeron un 2%, confirmando que los gastos prescindibles son los primeros en ajustarse cuando el bolsillo aprieta.
El retroceso en los canales de cercanía refleja no solo la erosión del poder adquisitivo, sino también un consumidor más racional y selectivo, que busca precios y promociones en supermercados y plataformas digitales.
El dato de agosto podría marcar el inicio de una nueva contracción, especialmente si la inflación persiste y los salarios no acompañan.
Mientras tanto, el comercio moderno y digital continúa captando clientes, consolidando un cambio estructural en los hábitos de consumo que puede dejar atrás a los formatos más pequeños si no logran adaptarse.
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