Días pasados, no muchos, la autoridad monetaria se limitó a informar que había encargado a la Casa de la Moneda la confección de billetes debido a las necesidades de efectivo por la crisis por la pandemia de coronavirus y explicó que a lo largo del año se registran dos picos históricos de demanda de billetes: julio y diciembre de cada año, por pago de aguinaldo, vacaciones y fiestas de fin de año
En ese encuadre temporal el BCRA atendió el aumento prefirió recurrir a billetes de $ 100 impresos antes de 2015 pero que no habían sido puestos en circulación. De ese modo logró cubrir la demanda de efectivo, pero al costo de generarle problemas logísticos y gastos extra a los bancos, debido al mayor movimiento de caudales, más grandes espacios de guarda y más costos de seguridad, además de la necesidad de recargar constantemente los cajeros automáticos para tenerlos abastecidos de billetes de bajo valor.
Por otro lado el fuerte aumento de la emisión monetaria, para financiar el aumento del gasto público y del déficit fiscal, la caída del poder de compra de los billetes emitidos y la inyección de sumas considerables de dinero físico a través del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) como ayuda a personas anteriormente no bancarizadas, llevó incluso a la insuficiencia de papel moneda, hizo que la disponibilidad de billetes llegara a niveles críticos y aceleró la necesidad de la impresión de los de $ 1.000, finalmente contratada a España y Brasil.
Según trascendió, la compra a la Casa de Moneda y Timbre de España se pactó a un precio de US$126,32 por millar, es decir, algo menos de US$21,5 millones de dólares en total. El encargo se concretó en julio y el precio llamó la atención en comparación con operaciones previas de importación de billetes.
Por ejemplo, los 400 millones de unidades de billetes de $1.000 encargados a la Casa de la Moneda de Brasil se pactaron a un valor de US$20,6 millones, según datos publicados en septiembre pasado por el periódico especializado Valor Económico de San Pablo.
El costo pagado por menos de la mitad de las unidades es prácticamente el mismo. En la diferencia juegan los costos de flete, más altos desde Europa que desde Brasil, pero también precios muy diferentes entre los dos proveedores. “Los precios acordados responden a los valores de mercado”, respondieron al respecto desde el BCRA.