Casi inexorable default y falsa salida 'a la uruguaya'
Fragmento de Economía & Regiones:

Fragmento de Economía & Regiones:
Para lograr desahogar al sector privado hay que achicar el Estado y bajar impuestos; nada que se encuentre en la agenda actual de ningún político.
En este escenario, no hay que descartar que se vaya a un default interno con las LELIQs y pases netos, ya que el balance del BCRA está cada vez más quebrado y los pasivos no remunerados son impagables.
La otra alternativa es pagar todas las LELIQs, lo cual sería más monetización, más dólar y más inflación.
A su vez, hay que considerar que muy probablemente se defaulteará al FMI, ya hay que pagarle US$ 52.613 MM a lo largo de los cuatro años de la próxima presidencia.
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En este sentido, el candidato Alberto Fernández ya ha manifestado su intención de extender plazos. Extender plazos sin subir la tasa de interés o incrementar el capital adeudado es default, ya que disminuye el valor presente del contrato en detrimento del acreedor.
Del otro lado de la negociación con el FMI estará el default a los bonistas, con quienes hay vencimientos por US$ 136.274 MM en 2020/2023
En este marco, hay que tener en claro que la salida a “la uruguaya” planteada por Alberto Fernández no es una opción. ¿Por qué? Porque es comparar peras con manzanas.
Hay dos motivos:
> Primero, en 2002 la deuda uruguaya eran US$ 5.200 MM y USA “puso” US$ 1.500 MM. En otros términos, los vencimientos de deuda que Argentina deberá afrontar durante los próximos cuatro años son 50 veces el monto de la deuda uruguaya involucrada en la reestructuración de comienzos del siglo XXI, lo cual implica niveles de profundidad y complejidad muy superiores en el caso argentino. Este último punto queda expuesto comparando la cantidad de tenedores de deuda en un caso y en el otro.
> Segundo, Uruguay hizo un ajuste fiscal de 4 puntos porcentuales del PBI en el primer año, y otro punto adicional en el segundo año. Opción que, como ya hemos explicado, parecería estar fuera del menú de opciones para Argentina en 2020.
La mayor caída de la demanda de dinero y la profundización del default pronosticados para 2020 implican mayores desequilibrios económicos, más exceso de demanda (oferta) en el mercado cambiario (dinero) y más exceso de oferta en el mercado de bonos, lo cual potenciará el aumento del costo de capital y desplomará (aún más) la inversión y la acumulación de capital.
En este escenario, lo más probable es que el nivel de actividad 2020 sea peor que en 2019 y 2018.
No sorprende que 2020 sea peor que 2019 y 2018, tan sólo es la tendencia de los últimos años y la consecuencia de una mayor caída de la demanda de dinero y el default.
Después de todo, el exceso de demanda en el mercado cambiario y de oferta de pesos en el mercado de dinero, implica exceso de oferta tanto en el mercado de bienes y servicios, como en el mercado de trabajo.
Por el lado del mercado de bienes, habrá menor actividad. En el mercado laboral, menor (más) empleo (desempleo) y peores salarios. Se contrae la oferta agregada y cae la demanda agregada, consecuentemente el nivel de ingreso se desploma. Todo “esto” implicará más pobreza e indigencia; también mayor ninseguridad. Cuanto más alta sea la inflación, “todo” será peor.
El derrotero de la economía real argentina no es nuevo, ya que el año próximo cumplirá una década.
Durante la 2da. Presidencia de CFK el PBI no se expandió “nada”. Las variaciones positivas de los años impares (electorales) se neteaban con las variaciones negativas de los años pares (post electorales), reflejando que se aplicaban políticas no sustentables para intentar sacar votos y ganar las elecciones. Sistemáticamente, se pagaban los costos al año siguiente de las elecciones: cepo en 2012; y devaluaciones en 2014 y 2016.
Durante la presidencia de Macri, se hizo lo mismo que durante la presidencia de CFK. En 2017 se puso en práctica una política fiscal (y monetaria) no sustentable que, a base de endeudamiento, perseguía como objetivo generar un rebote artificial tendiente a ganar las elecciones de medio término en 2017. Los platos rotos se pagaron en 2018/2019. El PBI cayó -2,5% en 2018 y caería, según estimaciones E&R, -3,3% en 2019.
Puntualmente, el PBI per cápita cierra 2019 cayendo -8,9% (2015) y -12,6% (2011).
Argentina no deja de empobrecerse, porque no invierte lo necesario y no acumula capital, de ahí que no genera riqueza y su PBI per cápita cae. Esta dinámica se ha agravado los últimos años, porque ha habido destrucción de capital, de ahí que la caída del PBI per cápita se haya acelerado en 2018/2019. Hay que tener en claro que, con más destrucción de capital, Argentina no tiene “piso”. (...)".