El precio mínimo en la licitación y otras críticas
Otro punto polémico es la fijación de un precio mínimo en la licitación. “Nunca lo he visto en mi vida”, sostuvo Gunsten, quien acumula más de tres décadas en el sector. “El propietario suele querer el precio más bajo con el nivel adecuado de calidad”.
El conflicto también incorpora un componente geopolítico. Si bien el pliego excluye formalmente a empresas estatales —lo que en la práctica limita la participación directa de compañías chinas—, desde el entorno del consorcio rival advierten posibles vínculos indirectos.
En particular, se señala que Servimagnus SA, socio de Jan De Nul, trabajó previamente con la estatal china CCCC Shanghai Dredging Co..
Desde Servimagnus respondieron a estas versiones: “Hoy en día no tenemos ninguna relación comercial ni contractual con ninguna empresa china ni con el gobierno”, aclaró la firma a Bloomberg Línea.
En paralelo, voces vinculadas al consorcio de DEME también deslizaron críticas más duras. Steve Bovo, asesor del grupo, describió el proceso con una metáfora contundente: “Es casi como un juego de trileros, casi una situación piramidal en la que te están ocultando la bola”.
La palabra del gobierno
Del lado oficial, el Gobierno rechazó los cuestionamientos. Iñaki Arreseygor, titular de la Agencia Nacional de Puertos y Vías Navegables, aseguró que el proceso fue abierto y transparente. “Ninguna de las consultas” recibidas durante la licitación provino de Great Lakes, afirmó. Y agregó: “Contamos con garantías de transparencia y un procedimiento sólido”.
Además, defendió uno de los puntos más cuestionados —el precio mínimo— al señalar que responde a recomendaciones internacionales para evitar prácticas de dumping.
La hidrovía es el principal canal de salida de exportaciones argentinas y un factor determinante para la competitividad del agro. La concesión, que podría definirse en los próximos meses, implicará inversiones millonarias y condiciones que marcarán los costos logísticos durante décadas.
En ese contexto, la licitación dejó de ser un proceso meramente técnico para convertirse en un terreno de disputa empresarial y geopolítica, donde se cruzan intereses de Europa, Estados Unidos y China. El desenlace no solo definirá quién dragará el Paraná, sino también qué equilibrio de poder se impone en una de las infraestructuras más sensibles de la economía argentina.
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