La empresa de Carlos Wagner
El ingeniero Carlos Wagner, uno de los empresarios más influyentes de la industria de la construcción durante las últimas décadas y titular de la compañía por años, presidió la Cámara Argentina de la Construcción (CAC) entre 2004 y 2012, un período marcado por la fuerte expansión de la inversión pública nacional. Desde ese lugar se convirtió en uno de los principales referentes del sector y en interlocutor habitual de distintos gobiernos en materia de infraestructura.
Aunque su nombre volvió a sonar fuerte en 2018, cuando declaró como imputado colaborador en la causa conocida como los Cuadernos de las Coimas. En ese expediente describió el presunto funcionamiento de un sistema de recaudación ilegal que involucró a funcionarios y empresarios contratistas del Estado Aunque su nombre volvió a sonar fuerte en 2018, cuando declaró como imputado colaborador en la causa conocida como los Cuadernos de las Coimas. En ese expediente describió el presunto funcionamiento de un sistema de recaudación ilegal que involucró a funcionarios y empresarios contratistas del Estado
Pero aunque aquella investigación tuvo un fuerte en la companía, en la presentación del concurso Esuco atribuye su crisis principalmente a factores económicos y operativos vinculados al derrumbe de la obra pública y a las dificultades para sostener contratos de gran escala.
El derrumbe de la obra pública y la caída de la actividad
En el escrito presentado ante la Justicia, la empresa sostiene que el cambio de escenario para la construcción comenzó a profundizarse a partir de fines de 2023 y durante todo 2024.
La fuerte reducción del gasto público en infraestructura provocó la paralización, suspensión o ralentización de numerosos proyectos que integraban su cartera de negocios. Entre ellos menciona obras viales, hidráulicas y de saneamiento financiadas por organismos nacionales.
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Milei y la motosierra, símbolo libertario del ajuste.
La compañía afirma que la inversión pública en infraestructura registró una caída cercana al 80% en términos reales respecto de los niveles de 2023 y que la actividad de la construcción se contrajo más de 27% durante 2024. Ese escenario, sostiene, provocó una reducción significativa de oportunidades de negocio y limitó la posibilidad de reemplazar contratos que se iban finalizando.
A pesar de ese contexto, Esuco informó ingresos por $84.664 millones durante 2024. Sin embargo, la propia compañía reconoce que esa cifra representó una caída real del 23,7% respecto del ejercicio anterior.
El deterioro también se reflejó en los resultados: tras haber obtenido una ganancia de $2.849 millones en 2023, la constructora cerró 2024 con una pérdida de $6.206 millones, afectada por la caída de la actividad, el incremento de los costos financieros y el menor volumen de obras ejecutadas. El resultado bruto del negocio se redujo de $25.138 millones a $17.373 millones, mientras que los ingresos por obras ejecutadas descendieron desde $110.993 millones hasta $84.664 millones.
La disminución de la actividad impactó de lleno sobre su estructura operativa. Según la documentación, pasó de tener 397 trabajadores en junio de 2025 a apenas 70 en abril de 2026.
Los empleados estables bajaron de 160 a 25 personas, mientras que los trabajadores afectados directamente a las obras pasaron de 237 a 45. En menos de un año, la constructora redujo más del 80% de su plantilla.
Enarsa y el Gasoducto Norte
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Gas en Argentina: Vaca Muerta no cubre la demanda y se recurre a Chile.
Entre los argumentos que Esuco presentó ante la Justicia para explicar su cesación de pagos ocupa un lugar central el conflicto que mantiene con Enarsa por dos contratos energéticos: la Planta Compresora Mercedes y las obras de adecuación de las plantas compresoras vinculadas a la Reversión del Gasoducto Norte.
La constructora sostuvo que la ejecución de esos proyectos se vio afectada por "demoras en la aprobación de certificados de obra, redeterminaciones de precios, autorizaciones técnicas e ingresos de mercadería", situación que la obligó a financiar una parte creciente de los trabajos con recursos propios y endeudamiento bancario.
Según la empresa, el impacto financiero de esas demoras fue significativo. Y ante la acumulación de certificados impagos y las dificultades para acceder a nuevas líneas de financiamiento, se vio imposibilitada de sostener el ritmo de ejecución previsto originalmente.
Para la constructora, la combinación de mayores costos financieros, atrasos en los cobros y falta de financiamiento terminó agravando una situación que ya estaba afectada por la paralización de la obra pública nacional y la caída de nuevas licitaciones.
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