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Pérdida neta del ejercicio: $133.303 millones.
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Resultado operativo: –$80.317 millones, contra una ganancia de $64.649 millones en 2024.
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EBITDA: negativo en $20.145 millones, tras haber sido positivo en $101.974 millones un año atrás.
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Ventas netas: $258.637 millones, un 44% menos que en 2024.
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Resultado integral final: –$172.634 millones.
Los costos no acompañaron la caída de ingresos. Mientras la facturación se desplomó 44%, los costos de ventas retrocedieron apenas 14%.
Esa desalineación provocó un resultado bruto negativo de $44.224 millones, un dato que grafica la erosión total de los márgenes. Esa desalineación provocó un resultado bruto negativo de $44.224 millones, un dato que grafica la erosión total de los márgenes.
Producción paralizada y desplome de la demanda
El derrumbe de la demanda interna fue brutal. Celulosa informó que el volumen de ventas locales cayó 32% en toneladas, mientras que en el segundo semestre la contracción fue del 52% frente al mismo período de 2024.
Si bien las exportaciones crecieron 104%, los directivos reconocieron que esos envíos generan márgenes mínimos frente al negocio doméstico. A contramano, la presión importadora obligó incluso a bajar precios en lugar de aumentarlos.
El margen bruto pasó de +25% en 2024 a –17% en 2025, y el margen operativo de +14% a –31%. El margen bruto pasó de +25% en 2024 a –17% en 2025, y el margen operativo de +14% a –31%.
La compañía fabricó 138.000 toneladas de papeles y pulpa, un 15% menos que el año anterior, tras paradas técnicas y ajustes de volumen. Hoy la situación es todavía peor: las plantas de Capitán Bermúdez y Zárate están paralizadas desde julio por falta de capital de trabajo.
Una empresa sin crédito y con pasivos crecientes
El colapso operativo derivó en un ahogo financiero. Según la memoria enviada a CNV, la compañía dependió en 2024 de financiamiento de corto plazo a tasas en dólares de entre 35% y 45% anual, un costo insostenible.
El estallido de defaults en el agro (Los Grobo, Red Surcos) y la incertidumbre sobre el acuerdo con el FMI llevaron a los acreedores a acelerar vencimientos y cortar líneas, dejando a Celulosa sin crédito. El estallido de defaults en el agro (Los Grobo, Red Surcos) y la incertidumbre sobre el acuerdo con el FMI llevaron a los acreedores a acelerar vencimientos y cortar líneas, dejando a Celulosa sin crédito.
La empresa reconoció públicamente que incumplió pagos de obligaciones negociables y cheques de pago diferido en mayo de 2025. Desde entonces, debió operar bajo esquemas de pago contado o contra entrega, una modalidad que pronto se tornó inviable. El pasivo total aumentó a $349.620 millones, con casi toda la carga concentrada en el corto plazo.
Tapebicuá
El accionista controlante, Tapebicuá Investment Company S.L., con sede en Madrid y controlado a su vez por Tapebicuá Cayman Ltd., realizó aportes equivalentes a US$7,6 millones en los últimos meses del ejercicio. Sin embargo, la ayuda fue insuficiente para sostener las operaciones.
La compañía contrató a VALO Columbus, una consultora especializada en reestructuración financiera, con el objetivo de analizar opciones de reperfilamiento de deuda e incorporación de inversores estratégicos. “Existen varios grupos evaluando la posibilidad de ingresar como socios”, admitió el Directorio, aunque sin dar precisiones sobre plazos.
Derrumbe en la bolsa
La reacción del mercado fue inmediata. En la rueda del 27 de agosto, las acciones de Celulosa Argentina (CELU) se desplomaron 10,6% hasta $221,50, acumulando una de las peores caídas de la jornada. El papel llegó a perder 12% en su punto más bajo ($217) y cerró en niveles mínimos de los últimos meses.
El fuerte volumen negociado, más de $166 millones, confirma que los inversores decidieron salir en masa ante el panorama sombrío. La señal es clara: la continuidad de la empresa depende de un salvataje de corto plazo.
Dividendos cancelados y reservas en rojo
El Directorio propuso a la Asamblea no distribuir dividendos ordinarios, debido a que los resultados no asignados negativos ascienden a $273.772 millones.
Tampoco se recompuso la reserva legal, utilizada en 2016 para absorber pérdidas.
En moneda constante, esa obligación asciende hoy a $3.674 millones, lo que implica que hasta que no sea reconstituida con futuras utilidades, la empresa no podrá volver a pagar dividendos.
Un sector en jaque
El caso de Celulosa no es aislado. El sector papelero arrastra los mismos problemas que golpean a buena parte de la industria argentina: costos dolarizados, caída del consumo interno, presión impositiva récord y competencia importadora. La propia empresa lo reconoce en su carta a la CNV: “Los profundos cambios instrumentados por el Gobierno Nacional en materia fiscal, monetaria y cambiaria plantean desafíos aún difíciles de superar”.
El golpe es tal que, según la propia memoria, la caída de ventas se explica tanto por la debilidad del consumo local como por la parálisis de la construcción, que afectó a Forestadora Tapebicuá, otra subsidiaria del grupo, con un desplome del 48% en facturación.
¿Qué futuro tiene Celulosa?
Hoy la empresa se encuentra en un limbo. La paralización productiva y el patrimonio neto negativo la colocan al borde de la disolución. El Directorio asume que la incorporación de inversores permitirá “retomar las actividades productivas en un tiempo prudencial”, aunque no hay certezas sobre plazos ni montos de capital necesarios.
Mientras tanto, los acreedores mantienen a la firma “en espera”, conscientes de que sin inyección de fondos frescos no existe capacidad de repago.
El mercado bursátil, siempre más pragmático, ya emitió su veredicto: las acciones de CELU se desploman y los inversores descuentan que la compañía enfrenta un escenario límite.
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