El guiño insuficiente a los bancos
El Central habilitó que una pequeña fracción de esos encajes pueda colocarse en títulos públicos, buscando aliviar la presión. Pero los bancos lo ven como una imposición encubierta. “Antes te llamaban para que compres bonos, ahora te obligan con una norma”, deslizó una fuente del sistema financiero.
La señal es clara: el Gobierno necesita asegurar la renovación de la deuda del Tesoro.
Con los encajes más altos, los bancos terminan siendo compradores forzados de deuda pública.
La nota de Clarín recogió un comentario que circuló fuerte en la City: “Esto se parece cada vez más a la Banca Simons”. La referencia es al modelo teórico de Henry Simons, que plantea dividir la banca en dos: una con depósitos líquidos respaldados al 100% y otra dedicada a otorgar crédito con fondos de mercado.
La alusión no es casual. El propio Javier Milei agitó esa bandera en campaña al hablar de cerrar el Banco Central y avanzar hacia un sistema de “banca Simons”. Sin embargo, en el mercado saben que no existen condiciones reales para implementar algo así.
Frente a esa lectura, el economista Carlos Rodríguez salió a marcar la diferencia. En su cuenta de X fue tajante:
“La Banca Simons es 100% de encaje no remunerado sobre depósitos líquidos y nada sobre el resto. Esto es otra cosa”.
Con esa frase, Rodríguez dejó en claro que lo que hoy aplica el BCRA no es una reforma estructural del sistema financiero, sino una medida coyuntural y defensiva para restringir pesos. El paralelismo con Simons, sostuvo, es forzado y carece de rigor.
La elección como único ancla
En el mercado la conclusión es unánime: el Gobierno está dispuesto a sacrificar crédito y actividad para sostener la calma cambiaria hasta octubre. Los banqueros advierten que la prioridad número uno es la estabilidad del dólar, mientras que el costo se verá en el mediano plazo, con menor dinamismo económico y mayor recesión.
Un informe de Max Capital calculó que, sin este apretón de encajes y tasas reales positivas, el dólar ya estaría más cerca de los $1.500. Con el esquema actual, y un eventual triunfo oficialista en las elecciones, el tipo de cambio podría estabilizarse cerca de los $1.300.
Impacto en la economía real
El golpe directo es sobre el crédito. Con encajes en 53,5%, las entidades tienen menos margen para otorgar préstamos. Las tasas, ya elevadas, desalientan la demanda de financiamiento productivo y de consumo. El círculo se cierra: menos crédito, más recesión, mayor presión sobre la dolarización de carteras.
En este contexto, el ruido político por las denuncias de corrupción refuerza la desconfianza.
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