La crisis del tomate
No obstante, la situación no sólo se puede observar en Rosario, sino también en provincias como Mendoza, San Juan, Corrientes, Salta, Buenos Aires y Jujuy, la combinación de sobreproducción, costos crecientes y competencia con importados de Chile y Paraguay está llevando a que, en muchos casos, ni siquiera convenga cosechar.
En Corrientes, horticultores de Santa Lucía debieron tirar su producción, mientras que en Jujuy productores realizaron un "tomatazo" regalando la verdura para visibilizar la crisis.
En ese sentido, Miguel Tomasella, productor de tomates en Goya, Corrientes, denunció en Radio 10 que muchos agricultores están tirando parte de su cosecha por el derrumbe de precios.
Según el productor, el Gobierno de Corrientes "abandonó" a los pequeños productores y no existe un plan para mejorar el acceso ni fomentar la venta directa al consumidor, como sí ocurre en algunas zonas de Buenos Aires.
Por su parte, en conversaciones con Bichos de Campo, diversos actores de la cadena hortícola de Salta y Jujuy, explicaron la situación por la que atraviesa la producción de tomate local y analizan los pormenores de esta actual crisis.
Uno de ellos es Sergio Alarcón, pequeño productor que comanda dos fincas, una en Monterrico y otra en Fraile Pintado (Jujuy), con las que alterna la producción de tomate.
"El problema aquí en el norte y no tan solo en el norte, es que la verdura no vale nada y no es el problema únicamente con el tomate. Hay mucha verdura y eso no ayuda con los precios. El tomate es caro para producirlo, se necesita mucho sacrificio, mucho tiempo y hoy no vale nada", definió de entrada.
A su turno, José Luís Checa, presidente de la Asociación de Productores de Frutas y Hortalizas de Salta, sumó su experiencia sobre esta situación: "No hay que olvidar que andamos con un bolsillo flaco, la gente anda con poco poder adquisitivo y que se consume poco".
Para los productores, esta crisis amenaza no solo a las explotaciones hortícolas, sino también a toda la economía regional vinculada, incluyendo proveedores, transportistas, trabajadores temporarios y comercios. Si la situación persiste, podría reducirse la superficie cultivada y perderse puestos de trabajo de manera irreversible.
Demanda global
Si bien la demanda global de tomate sigue siendo alta, con proyecciones de crecimiento para la próxima década, en Argentina el consumo interno de tomate fresco ronda los 16 kilos por habitante al año. Sin embargo, el actual desequilibrio entre oferta, precios y hábitos de compra está dejando a miles de productores en una situación límite, con el temor latente de que la escasez llegue más temprano que tarde.
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