“Todo eso tienen y, si joden lo hago, se los saco”, terminó diciendo Massa.
Mes tras mes, el rubro “Prendas de vestir y calzado” pica en punta en el índice de inflación del INDEC y parece no tener techo. Incluso, se habló de comenzar a ponerle precio a la prenda de manera impresa en la etiqueta.
En los últimos doce meses, la indumentaria aumentó un 118% a nivel nacional, frente a un crecimiento de la inflación general del 83%, y ya venía alta.
Como frutilla del postre, la producción quedó aún en menos manos porque la pandemia hizo cerrar a muchos talleres medianos que ayudaban a aumentar la oferta.
Todo esto con personajes en el gabinete económico que vienen del mundo textil, como José Ignacio de Mendiguren, quien se deshizo de la ya quebrada Coniglio tras haberla vendido a Exxel Group en US$12 millones, para poner un galpón de bienes importados, y Ariel Schale, expresidente de la Fundación ProTEJER, quienes poco y nada han dicho de lo que está pasando con la ropa.
Tal vez, sea el momento de pensar en una reapertura de importaciones hasta que el mercado se equilibre entre oferta y demanda. Los europeos que sufren el Fenómeno Zara recomiendan a los argentinos tomar buenas decisiones a tiempo.
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