En este contexto, entidades como JPMorgan revisaron a la baja sus proyecciones de crecimiento para la economía estadounidense, incluso señalando la posibilidad de una recesión debido al impacto adverso de los aranceles sobre el comercio y la inversión.
El papel de las pequeñas empresas y la mano de obra
Moynihan también destacó en su entrevista que, aunque los aranceles siguen teniendo un impacto, otras preocupaciones han cobrado mayor relevancia para las pequeñas y medianas empresas. Temas como la disponibilidad de mano de obra y las políticas de inmigración están, según el CEO de BofA, en muchos casos por delante de los gravámenes como fuente de inquietud para los empresarios.
Esto sugiere que, incluso si la escalada arancelaria se modera en 2026, la incertidumbre estructural en la economía estadounidense persistirá, impulsando al mismo tiempo la necesidad de ajustes en políticas domésticas complementarias.
Un entorno global con efectos colaterales
Fuera de Estados Unidos, los efectos de la política arancelaria también han generado tensiones y reconfiguraciones en las relaciones comerciales. Por ejemplo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha señalado que la economía mundial se ha mostrado sorprendentemente resiliente ante el aumento de barreras arancelarias, apoyada por el impulso de inversiones en inteligencia artificial y políticas de estímulo fiscal y monetario en varias economías avanzadas, según el mismo medio.
No obstante, el impacto completo de los aranceles todavía no se ha materializado por completo, y su efecto potencial en el crecimiento del comercio global y de los niveles de consumo podría intensificarse si no se amortiguan las tensiones.
Expectativas de 2026 y el camino hacia la normalización
El llamado de Moynihan a una reducción gradual de las barreras comerciales alimenta expectativas de que 2026 podría marcar un año de transición, donde la política arancelaria deje paso a negociaciones más constructivas y a una menor incertidumbre para los negocios globales.
Sin embargo, la transición será clave para la estabilidad económica. Una desescalada ordenada podría apoyar el crecimiento global y aliviar presiones inflacionarias, mientras que una continuación del conflicto comercial profundo podría mantener la volatilidad y las tensiones en los mercados internacionales.
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