El dilema sin salida
El Banco Central enfrenta una disyuntiva cada vez más peligrosa. Si vende dólares para defender la banda, consume reservas que el mercado espera ver disponibles para pagar deuda. Si se abstiene de intervenir, el tipo de cambio se dispara y la corrida se traslada a los dólares paralelos y a la deuda soberana.
La conclusión que se impone en la City es lapidaria.
El Central está quemando dólares que deberían usarse para honrar compromisos financieros internacionales. El Central está quemando dólares que deberían usarse para honrar compromisos financieros internacionales.
Esa dinámica golpea de lleno en el riesgo país, porque los acreedores interpretan que el Gobierno privilegia la estabilidad cambiaria de corto plazo por encima de la solvencia futura.
Una estrategia de tiempo prestado
El resultado de la jornada dejó un mensaje incómodo para el oficialismo. El esquema de bandas no funciona como ancla de confianza, sino como un sistema que se defiende con reservas cada vez más escasas. El mercado ya descuenta que el Gobierno solo busca estirar esta estrategia hasta las elecciones de octubre.
Después, nadie espera que el esquema sobreviva sin un rediseño estructural. Después, nadie espera que el esquema sobreviva sin un rediseño estructural.
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